GIULIANA CHIAPPE
EL UNIVERSAL
La parálisis cerebral no está enredada en el ADN. Llega por un accidente en el parto, por un embarazo poco controlado, por una enfermedad eruptiva mal tratada, por una escasa y momentánea irrigación de oxígeno al cerebro. En algunos casos puede prevenirse pero, cuando llega, se tiene para toda la vida.
Sin embargo, es manejable y muchas veces, el enfermo puede lograr grandes avances. Lo importante es el diagnóstico temprano y el tratamiento inmediato. Aunque nunca es tarde para comenzar a actuar, mientras más pequeño sea el paciente, más oportunidades tendrá de mejorar su desempeño.
Omaira Prado es presidenta de la Asociación Nacional contra la Parálisis Cerebral, Anapace. También es fundadora de esta institución, que comenzó a funcionar en 1965 y cuyo objetivo, según explica Prado, es la educación, rehabilitación y reinserción social, en la medida de lo posible, de los pacientes afectados con este problema.
La doctora explica que, en la actualidad, Anapace desarrolla tres programas de prevención y rehabilitación y mantiene una escuela especial y un taller de orientación y entrenamiento laboral, además de programas paralelos para mejorar el desempeño y las terapias de los pacientes. Sin embargo, el proyecto más novedoso, pero también más ambicioso, del que se preocupan ahora, busca darle un giro de calidad a la vida de los pacientes espásticos, que son aquellos cuyos músculos son tan rígidos que les dificulta el más mínimo movimiento.
Se trata de una cirugía, muy nueva, que consiste en la instalación de una bomba que emite una sustancia que relaja los músculos. Esto ayuda tanto a pacientes espásticos como a aquellos que sufren de mal de Parkinson. Según cálculos de Mercedes Bermúdez, directora de Fisioterapia de Anapace, diez pacientes de la institución y 70 del Hospital Universitario podrían beneficiarse de este proyecto, si el Gobierno aprueba el financiamiento necesario.
La técnica, denominada de Neurorestauración para la Rehabilitación de niños y adultos con parálisis cerebral y otras alteraciones del sistema nervioso sería aplicada por los médicos Gabriel Salazar, de la Universidad de Barcelona y Jaime Krivoy, neurocirujano del Hospital Universitario de Caracas.