Marcos R. Carrillo P. // El regaño presidencial
Una vez más Chávez sometió al escarnio público
a varios de sus más incondicionales colaboradores. En
medio de una de sus peroratas dominicales, se sacudió
de toda responsabilidad por el deplorable manejo de las tierras
en el país y la emprendió contra el ministro Jaua,
el presidente del INTI, el jefe de la guarnición y hasta
contra su propio padre. Todos ellos eran culpables de que
no estuviera sembrado hasta el último rincón del
estado Barinas.
Hay una verdad como un templo en el autocrático regaño:
este gobierno es el máximo prodigio de ineptitud que
esta tierra haya conocido. El equipo de gobierno, lejos de
promover la agricultura, promueve políticas agropecuarias
erradas y ha generado un estado de terror tal (apoyado
por los panas de las FARC, ELN, FBL, etc.,) que ha tenido
como resultado la muerte del campo. Y no puede ser de otra
manera, pues no hay el más mínimo criterio de racionalidad
para nombrar a las máximas autoridades. Se sabe, eso
sí, que ser militar es un comodín que sirve para
ocupar carteras que van desde Interior y Justicia, pasando
por Alimentación, hasta Infraestructura. Vergüenza
verde oliva.
Los civiles que acompañan esta alocada aventura no mejoran
el cuadro, pues se comportan con un grado tal de sumisión
que son un remedo triste de la subordinación propia de
la Fuerza Armada. La autosometida AN es el paradigma de este
proceder. Pero la vergonzosa actitud del ministro Jaua frente
a la humillación televisada también es un buen ejemplo,
no sólo de sumisión, sino de la falta de criterio
en los nombramientos ministeriales. Que se recuerde, luego
de que se quitó la capucha, ha sido constituyente, asambleísta
(en el congresillo), ministro de la Secretaría, protoembajador
-objetado por Argentina-, y ahora, ministro de Agricultura
y Tierras (¿tan siquiera sabrá montar caballo?);
es decir, el hombre ha ejercido cargos diseñados para
juristas, políticos, gerentes, diplomáticos y especialistas
en el ámbito agropecuario. ¡Una pelusa!
Pero, como reza el dicho, la culpa no es del loco sino de
quien le dio el garrote. La frustración presidencial
es un pecado atribuible, única y exclusivamente, a quien,
luego de diez años de gobierno, insiste en enroques entre
personajes que han comprobado su incompetencia mucho más
allá de lo que pueda soportar cualquier tierra generosa.
La perenne búsqueda de excusas, culpables, pretextos
y evasivas es la más clara evidencia de la ineptitud
presidencial. Nadie que esté haciendo su trabajo con
responsabilidad se amarra de algún subterfugio para explicar
sus acciones. Señalar con el dedo índice al más
próximo cuando se le increpa es un acto pueril, inaceptable
en un adulto cualquiera, y peor aún si es un servidor
público quien apela a esta salida recurrentemente.
Si el ministro Jaua es tan malo como el Presidente afirma,
entonces debe retirarlo del Gabinete, y punto. El hecho de
que lo deje en el cargo, o que más tarde lo nombre ministro
de Turismo o viceministro de Energía, y luego no
dé resultados es imputable, fundamentalmente, a quien
lo ha escogido para el ejercicio de puestos para los que no
es competente.
Al final, todo es un juego de espejos: son nombrados en cargos
para los que no sirven porque son sumisos. Son sumisos porque
no sirven. Así se construye la farsa gubernamental, la
revolución de la ineptitud y la mentira. Hay un solo
culpable.
mrcarrillop@gmail.com
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