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Caracas, viernes 15 de febrero, 2008  
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Miguel Ángel Santos // Made in Venezuela

La ruta Caracas-Damasco-Teherán describe "una forma de hacer política"

Cuando el avión de Conviasa aterrizó en Damasco hace diez días, todos los equipajes fueron colocados en forma de cuadrículas en un patio abierto, mientras un escuadrón de perros antidrogas olisqueaban las maletas con cierta voracidad. Pensé que se trataba de un procedimiento normal en un Estado policial. Sin embargo, hace dos días volví a aterrizar en Damasco, proveniente de Amman, y toda mi preparación mental se diluyó en la sonrisa de los mismos guardias, esta vez apurando a los tripulantes hacia la salida sin ninguna medida de precaución.

Esta mañana, el vuelo de Conviasa volvió a hacer escala aquí a primera hora de la mañana, proveniente de Teherán, en ruta a Caracas. Estaba programado para las 11:15 am. Dos horas después no se sabía nada de él. Así llegué a saber que Conviasa no tiene oficinas en Damasco, subcontrata a una agencia de viajes para "administrar" la ruta. En Julia Duma (la agencia) se habla árabe, poco inglés, y cero español. El grupo de sesenta y ocho iraníes que salieron esta mañana de Teherán no podían conseguir en todo el aeropuerto a una sola persona que hablara farsi y les explicara lo que estaba pasando.

Finalmente alguien dio con un controlador de tráfico aéreo sirio con antepasados iraníes, que fue traído a la puerta y les explicó en farsi que no aparecía la gasolina que requieren las catorce horas de vuelo entre Damasco y Caracas. Dos horas después, los altoparlantes anunciaron en árabe que el avión estaba listo, los sirios hicieron señas a los venezolanos e iraníes, y abordamos el avión. Una hora después el capitán, esta vez en español y en pésimo inglés, anunció que el avión tenía un problema en una turbina, que la reparación tardaría al menos una hora. Ante la confusión general y los gritos de desesperación, los venezolanos procedimos a explicar en inglés a los sirios, y en señas a los iraníes, lo que estaba ocurriendo.

Algunas horas después, un joven sirio descendiente de ucranianos nos explicó (en inglés) que el vuelo se cancelaría, a la turbina del Airbus le faltaba una parte que no estaba disponible en Siria; había sido ordenada a Madrid y tardaría en llegar. ¿Cuánto? Un día, dos días, no se sabe. Mientras tanto, Conviasa mantiene alojados a los más de 120 pasajeros con tres comidas diarias en un hotel cinco estrellas (Ebla Cham Palace), con un costo por día estimado en 12.000 dólares.

Esta mañana me encontré de nuevo a los iraníes en la recepción, estaban nerviosos porque vieron a unos sirios montarse en un autobús, y pensaron que iban al aeropuerto. Pero qué va. Un sirio rezagado explicó (en señas) que esto pasa todas las semanas, que el avión no tarda en salir menos de dos días, así que están yendo de compras y a fumar narguiles al viejo Damasco. Los iraníes se miran unos con otros, se ríen, y repiten "Venezuela, made in Venezuela". La ruta Caracas-Damasco-Teherán es apenas un microcosmos, un tubo de ensayo, que describe una forma de hacer política, de resolver problemas. Es el mismo enfoque de Barrio Adentro llevado al aire, sin personal venezolano, sin inventario de repuestos, y sin ninguna preocupación por el sentido económico y social. Sólo un avión, un escritorio, y eso sí, bastante real.

www.miguelangelsantos.blogspot.com



 
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