Como perro buldog Huckabee se niega a retirarse de la contienda
Republicana a pesar de no tener ninguna opción. Ello
obliga a McCain a tener que dedicar tiempo y energía
a prevalecer electoralmente sobre aquel en lugar de concentrarse
en reorganizar al partido de cara a la contienda frente a
los demócratas. Más aún, enfrentarse a Huckabbe
implica confrontar a la derecha cristiana y a los sectores
más conservadores del partido. Los esfuerzos necesarios
para diferenciarse de aquel lo distancian cada vez más
de un sector altamente poderosos en recursos económicos,
mediáticos y capacidad de movilización electoral.
Se trata de un componente del partido que nunca lo ha querido
pero sin cuya movilización le será difícil
ganar en noviembre próximo. Ello inevitablemente parece
conducir a la necesidad de forjar un acuerdo con Huckabbe
y con los sectores que lo respaldan, posiblemente ofreciendo
a éste la candidatura a la Vicepresidencia. De ello ocurrir,
McCain se alienaría a buena parte de los sectores independientes
y centristas que lo apoyan, componente central para prevalecer
electoralmente sobre los demócratas. McCain se encuentra
atrapado entre las exigencias contradictorias de contar con
el apoyo de la derecha cristiana y de los sectores centristas.
Los demócratas están rompiendo moldes y haciendo
historia. De manera inédita una mujer y un negro, representantes
de las denominadas minorías de ese país, compiten
con opciones por la primera magistratura. Romper la barrera
del género sería impactante, pero mucho más
lo sería vencer la de la raza. Curiosamente el mayor
obstáculo para vencer el tabú de que la Casa Blanca
está vedada a razas distintas a la blanca, proviene de
los hispanos. Una comunidad como la hispana, a la que siempre
se le atribuyó un papel decisivo de apertura de compuertas
raciales, se está transformando así en el último
dique de contención para la llegada de un negro a la
Presidencia. El tradicional antagonismo entre negros e hispanos,
quienes compiten por espacios similares en la base de la pirámide
social estadounidense, se ha convertido en el mayor obstáculo
para Obama y en la principal carta electoral de la muy blanca
Hillary.
Los demócratas se precian de haber establecido un sistema
de elección de candidatos mucho más democrático
que el de los republicanos. En efecto, estos últimos
recurren al sistema de que el "ganador se lo lleva todo".
Es decir, a la vieja modalidad según la cual cualquier
precandidato que gane en un estado aunque sea por un voto,
se lleva a la totalidad de los delegados asignados a dicho
estado. Los demócratas, en cambio, recurren al sistema
proporcional para garantizar que cada voto cuente. Junto al
método proporcional, los demócratas cuentan con
la figura de los "superdelegados", es decir, 800 notables
del partido que participan como delegados por el simple hecho
de serlo. Todo parece indicar que en una carrera tan competida
como la actual, serán estos superdelegados quienes terminen
decidiendo entre Clinton y Obama. Un partido que vanagloria
su apertura se confirmaría así como quintaesencia
de un partido oligárquico.
altohar@hotmail.com