Berlín.- El afamado cocinero Ferrán
Adriá-catalogado como uno de los mejores del mundo-dejó
hoy con las ganas a quienes esperaban una demostración
de su arte culinario en la Berlinale, donde mañana se
presentan dos documentales sobre su dominio de los fogones,
pero debatió animadamente sobre la pérdida de la
cultura culinaria en el hogar.
Junto con su colega alemán Eckart Witzigmann y el italiano
Carlo Petrini, precursor del movimiento "Slow Food" (comida
lenta), así como una veintena de expertos en cine y gastronomía,
Adriá protagonizó un encendido debate sobre la educación
alimenticia de los niños, las consecuencias de la destrucción
del medio ambiente para la gastronomía y el concepto
de "cocinar como un acto de amor".
Todos ellos disfrutaron de un menú nada complicado preparado
por Enrique Serván, cocinero del berlinés Restaurante
Pata Negra, quien reconoció haber tenido "dificultades
para dormir" los últimos días pensando en la responsabilidad
de dar de comer a tanto entendido y profesional de la cocina.
Durante el acto, que tuvo lugar dentro del marco de la sección
de "Cine Culinario" de la Berlinale, los asistentes pudieron
disfrutar de una ensaladilla rusa con aceite de oliva y gambas,
así como bacalao fresco con salsa de patatas violeta,
trufas y espárragos verdes.
El menú se completó con un solomillo de cerdo ibérico
con trigo fino y pisto manchego con salsa de jerez amontillado
y un flan de almendras con chocolate negro, todo ello regado
con vino de Albariño y Ribera del Duero.
El propietario del ya legendario restaurante El Bulli se
mostró entusiasmado por la discusión, ya que "es
la primera vez que no tengo que hablar de alta cocina" y aseguró
a su término haber tenido "15 o 20 experiencias al máximo
nivel y esta es una de ellas".
Ferrán Adriá hizo una defensa a ultranza de la
educación alimenticia para los niños, exigió
la creación de una asignatura al respecto en los colegios
y se deshizo en elogios para la película de animación
"Ratatouille", que "ha hecho más por los niños que
todas las campañas publicitarias sobre alimentación
sana juntas".
Insistió en que la cocina "es cultura", afirmación
que Petrini recalcó aún más al comentar que
"la cocina transforma el producto natural en producto cultural"
y ambos coincidieron en que "si no hay educación no hay
cultura".
El padre del movimiento "Slow Food" impresionó a los
comensales al subrayar que "en los últimos 50 años
se ha realizado el mayor genocidio cultural de la historia
con la destrucción de la cultura campesina", al forzar
la pérdida de una tradición milenaria en favor de
la industria agrícola.
Petrini aseguró que el mundo produce alimentos para
12 mil millones de personas, el doble de la población
del planeta, pero que su reparto no es equitativo y ha conducido
a la pérdida del respeto a la madre tierra.
El mundo occidental "es un mundo con la panza llena", que
no sabe valorar la comida ni la respeta, ya que "hoy es simple
carburante", dijo Carlo Petrini, quien calificó de "pornografía
gastronómica" la proliferación de programas sobre
cocina con la explicación de recetas que invaden todas
las televisiones.
En ese sentido, Eckart Witzigmann, premiado como "cocinero
del siglo" por la guía gastronómica Gault Millau,
subrayó que sólo un 2 a un 3 por ciento de quienes
ven ese tipo de programas lleva realmente a la práctica
lo que se enseña y que la inmensa mayoría de los
telespectadores se conforma con comer con los ojos.
Iniciador del premio que lleva su nombre y que anualmente
entrega la Deutsche Akademie für Kulinaristik, galardón
que Ferrán Adriá recibió hace dos años
junto al Nobel de Literatura Günter Grass, Witzigmann
lamentó que se pierda la cultura culinaria como diversión,
que se pierda "el placer de cocinar".
"La comida da paz", dijo Witzigmann, quien como el resto
de los asistentes al almuerzo subrayaron que la pérdida
del aprecio por la buena comida empieza en las familias, que
en estos tiempos prefieren pasar cuatro horas ante la televisión
que dedicar una sola a los fogones, como dijo Petrini. Efe