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| Caracas, domingo 10 de febrero, 2008 | |||||||||||
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Manuel Caballero // Nuestro ejército de las sombras Pocos pueblos hay en el mundo como el venezolano con tanta vocación de ser candil de la calle y oscuridad de la casa. Nuestro Gobierno se empeña en hacer reconocer como beligerante a una fuerza armada extranjera argumentando que tiene bajo su dominio un territorio grande si bien menguante, con sus propias leyes y reglamentos, con un buen contingente de armas y excelentes relaciones internacionales por lo menos con el Estado venezolano (con el cual, además, limita); y en cambio, nos olvidamos de nuestros propios asuntos. No vamos a repetir aquí la larga letanía de esos asuntos ignorados por este Gobierno, porque queremos referirnos a una sola cosa: somos incapaces de reconocer el talento criollo, y ocuparnos de él. Nos negamos a consumir (o a proponer status de beligerancia) a lo que producimos. Simples peones del imperioSe busca que a las FARC se les deje de llamar organización terrorista; y sin esperar a que la comunidad internacional atienda a ese perentorio llamamiento, aquella organización colombiana se aprovisiona con armas rusas, cubanas y hasta gringas provenientes de los arsenales del ejército venezolano, y ni siquiera se toma el trabajo de borrar sus seriales. Colmo de todos los colmos, se busca para las FARC ese status de beligerante que les permita abrir embajadas, tener aquí su propio periódico legal (aparte de Vea), transitar libremente por nuestro territorio. Y sin esperar a que se satisfaga esa urgencia de nuestro teniente-coronel, se va mucho más allá y se forma una coalición de gobierno con las FARC otorgándoles un ministerio. Cierto, es apenas uno, cuando el solo PPT ha llegado a tener varios. Pero las FARC no detentan un cargo secundario: su "hombre en Caracas" es nada menos que ministro de Interior y Justicia. Se ignora lo nuestroMientras se gasta tiempo y energía en exaltar de esa manera un ejército extranjero, se ignora que en nuestro país tenemos nuestra propia falange armada, que la incuria de las clases dirigentes se ha empeñado en mantener al margen, o en responder a sus demandas con soluciones sólo militares, represivas, sin ir al fondo de los problemas y sobre todo, sin buscar la paz con esa fuerza o cuando menos una solución humanitaria que le permita a sus veintiséis millones de secuestrados salir a la calle sin aprensión. Se ignora deliberadamente que ese ejército tiene muchísimos años perturbando la paz de los venezolanos, y que ha crecido exponecialmente en la última década. En estos últimos diez años, la guerra desatada por esa fuerza armada ha matado mucha más gente que en medio siglo largo de la guerra colombiana: según las estadísticas más confiables y oficiales, cien mil venezolanos han caído bajo sus balas. Una fuerza con semejante poder de fuego no vive del aire y las buenas intenciones. Para aprovisionarse, ella se ha visto obligada a proceder a algunas expropiaciones a la oligarquía bancaria. Los propietarios de zapatosY no sólo a ella, sino a los negocios de todo tipo, a los latifundistas y a los capitalistas, a la despreciable clase media y hasta a los poseedores de zapatos de marca. Sin embargo, no ignora ella que está luchando con una sociedad riquísima, ahíta de petrodólares. Por otra parte, si bien las armas que esa fuerza posee se las ha suministrado la generosidad del Gobierno venezolano (que las ha importado de Rusia para "armar al pueblo" y esta gente también es pueblo), eso no quiere decir que les hayan salido gratis. A un poder como el de la oligarquía venezolana (de cuya propiedad esta fuerza es enemiga desde mucho antes que sus camaradas de las FARC) no se le puede enfrentar con métodos artesanales. A una industria tan poderosa como es la del petróleo, se impone montarle otra industria si posible más rentable porque entre otras cosas no paga impuestos y cada día gana tanto más terreno que hasta los presidentes se jactan de mascar pasta de coca. Siguiendo pues el ejemplo de los combatientes colombianos, también estos criollos han puesto pie en el negocio del narcotráfico. Más bolivariana que nadieNo se comprende que el Gobierno venezolano "respete" a las FARC por ser bolivarianas, e ignore esta fuerza venezolana que es más bolivariana que nadie y lo demuestran arriesgando la vida a diario para hacerse de los bolívares que andan sueltos por ahí en manos de gente incapaz de entender su grandeza (hasta escriben su nombre con minúscula). Esa fuerza no es, como los medios han querido hacerlo ver, un movimiento clasista: en sus filas nunca deja de haber, y en no poca cantidad, oficiales, clases y soldados de "cuello blanco", eso que la propaganda enemiga llama "boliburgueses". Gracias a la existencia de esa realidad guerrera, ya Venezuela no limita "Por el norte con el Mar de las Antillas" como rezaba nuestro caletre de tercer grado. Hoy limita por el norte o septentrión, por el sur, este y oeste y hasta por el centro del país con estas FARC "endógenas". Por último, y mucho más que las FARC colombianas, éstas son integracionistas e internacionalistas, pues acogen en sus filas a colombianos, ecuatorianos, peruanos, de toda América Latina y hasta gringos (llamados "mulas"). Y si hablamos de ellas como de las FARC venezolanas no es porque sean una sección de la otra, sino porque esas son sus siglas, las de la Fuerza Antisocial Reincidente y Contumaz. Esa misma que la pereza mental de los periodistas y la conspiración mediática del Imperio suelen llamar más sintéticamente "hampa". |
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