ALIANA GONZÁLEZ
EL UNIVERSAL
Pocos venezolanos viven la extenuante confrontación
que agita al país, con suficiente distancia para pensar
en soluciones. El sacerdote René Bros puede hacerlo,
quizás por habitar en las selvas amazónicas desde
hace 40 años o ser francés de nacimiento. Asegura
que para lograr la paz en Venezuela es indispensable salir
del antagonismo. "Hay que ser crítico con una y otra
postura, el neoliberalismo y el socialismo real, al tiempo
que se encuentra la síntesis de lo mejor de ambas", dice
tras comentar que lo más importante es salir de la polarización.
"Mirada de águila" es como él llama a la capacidad
de separarse del calor de la confrontación. "Yo vengo
de la alteridad de la cultura indígena, que es un mundo
diferente al republicanismo criollo. Allí hay un jefe
de guerra y un jefe de paz, que actúan en el terreno
según la circunstacia, pero además está el
chamán. Él ejecuta el vuelo chamánico, que
permite ver desde arriba, despegarse, para dar luces al pueblo
sobre el mejor camino a seguir".
Bros vive en la población de Santa María del Erebato,
a siete días de viaje en curiara, navegando el Caura,
si se parte desde Maripa, estado Bolívar. Los yekuanas
y los sanemas son su familia. Perteneciente a la orden de
Carlos de Foucauld, asumió desde los años 70 las
ideas que promulgaba entonces la Teología de la Liberación.
Esa convicción, que le llevó a destinar su vida
a acompañar a los más pobres, también lo hizo
padecer de paludismo, pero sobre todo a vivir entre dos mundos.
Los pobres son los vencidos
"La confrontación lleva a un juego en el que hay vencedores
y vencidos. Pero los vencidos no son sólo los que entran
en la arena de la confrontación, sino también los
que no pueden subirse al tren de los vencedores. En este caso,
son los indígenas y los pobres quienes siguen andando
a paso de vencidos".
Explica Bros que este juego crea un ambiente de miedo de
pertenecer a los vencidos, que hace que muchos quieran participar
de lo que califica como la "mímesis competitiva", es
decir, ser parte de la polarización imitando a uno u
otro bando. "Ello implica un proceso de identificación
o de rechazo, lo que a su vez permite reducir o simplificar
la multipolaridad que existe en la realidad e impide el pluralismo".
Bros asegura que este escenario bipolar, de dominantes y
dominados, produce siempre una relación injusta, que
se replica a su vez en la guerra mediática, la cual fortalece
los procesos de identificación o rechazo. "Es una confrontación
en blanco o negro, del bien y el mal, de izquierda y derecha,
en la que ambos bandos utilizan las mismas armas, perdiéndose
el espacio para el pluralismo y el diálogo. Por eso insisto
en que hay que tomar vuelo y situarse más arriba, para
desde esa posición buscar ideas diferentes, creativas,
novedosas. Entre el blanco y el negro hay una gama variada
y diversa de grises".
Materia gris
El sacerdote afirma que esta síntesis entre el negro
y el blanco es la que permite la crítica, al divisar
los puntos débiles de lado y lado. "Es la materia gris,
el pensamiento", asegura, porque lo que resta, de seguir de
forma mimética repitiendo uno y otro modelo, es el dogma.
Bros afirma que el liberalismo utiliza la teoría de
Freud, según la cual el hombre busca el placer, mientras
que la izquierda usa la teoría de Adler, en la que el
hombre busca el poder. Asegura que los medios bombardean con
imágenes que promueven el placer o el poder, "lo que
crea una situación bastante insoportable para el pueblo,
que no tiene acceso fácil a ninguno de los dos ideales".
Libertad versus justicia, es la dialéctica que se impone.
La solución, dice el sacerdote, es "justicia con libertad
y libertad con justicia".
Afirma que para lograr la paz es indispensable renunciar
a la confrontación. Y para hablar de reconciliación,
necesariamente hay que lograr la síntesis entre ambas
propuestas, papel que corresponde a la Iglesia promover.