En agosto pasado se realizó SciFoo 2007, una
inconferencia científica. El evento, llevado a
cabo en la sede de Google y organizado por Nature,
la revista científica de más impacto, y O'Reilly
Media, una innovadora editorial, no tuvo agenda formal. Los
temas, horas y localización de las presentaciones fueron
decididos in situ. La asistencia estuvo determinada
estrictamente por invitación. Entre los asistentes estaban
premios Nobel, inversionistas de riesgo, escritores de ciencia
ficción y muchos científicos. Para mi sorpresa,
resulté invitado debido a mi participación en un
proyecto de desarrollo de fármacos para enfermedades
tropicales por medio de código abierto. Gracias al aporte
de la ULA y el apoyo de la Sociedad Mundial del Futuro Venezuela
pude asistir al evento y conocer a personalidades que con
palabras, acciones e invenciones han cambiado no sólo
mi forma de ver el mundo, sino también el mundo en sí.
El mundo en que vivimos es muy distinto del futuro que esperábamos.
Por ningún lado aparecen el gobierno mundial, la energía
atómica ubicua ni los carros voladores, mientras que
la India, antaño denostada y ejemplo de texto de sociedad
pobre, es hoy un gigante tecnológico emergente, millones
de africanos poseen celulares y computadoras baratas son compradas
por países en desarrollo para educar a sus nuevas generaciones.
Al contrario que antaño y gracias a Internet, las tendencias
globalizantes no homogenizan, sino que aumentan la diversidad
pues ponen a nuestro alcance productos culturales de orígenes
diversos, con los cuales se crea una combinación personal,
en lugar de elegir entre las pocas opciones locales o las
propugnadas por los medios masivos. La globalización
no significa fast food en cada esquina, sino reconocer
el absurdo de estar atado a una cultura por el accidente de
nuestro nacimiento y no por volición, la reivindicación
a nuestro derecho a la mutación cultural y a conocer
entes, personas y sistemas alejados de nuestras coordenadas
físicas, pero cercanos mentalmente.
El que hoy en día un estudiante de clase media-baja
de un país subdesarrollado pueda no sólo ser invitado
a un evento internacional científico, sino también
aportar y ser escuchado, es signo del cambio de los tiempos
y de las nuevas oportunidades que ofrecen la tecnología
y el cambio social. Esperemos que pronto estén al alcance
de cualquiera que las merezca y que la economía y la
geografía no determinen ya de antemano la pérdida
de valioso potencial intelectual, que en lugar de resolver
problemas creativamente se desperdicia buscando su supervivencia
diaria o languidece atrapado en circunstancias que no puede
cambiar.
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