Nada más terrible que un ídolo pop caído en
desgracia. Cuando sobreviene la "cuesta abajo en la rodada"
pareciera que todo se conjuga para ser el objeto de toda la
mala racha. Claro, que las almas caritativas de este mundo
seguramente dirían "pobrecito, pobrecito", pero lo cierto
es que en la más de las veces estos personajes se "cavan
su propia tumba" (esta expresión es sólo una metáfora,
señores de la Fiscalía no hay nada "subliminal"
así que por favor no nos citen a declarar). El creerse
dueños del mundo, el no acatar las reglas de la convivencia,
el pensar que están por encima del prójimo, el excederse
en acciones y palabras, el comportarse como seres inmaduros,
prepotentes y malcriados los lleva a que el mundo y hasta
sus más incondicionales "fans" le den la espalda y pasan,
de la noche a la mañana, a ser los "inconvenientes",
los que nadie invita a las fiestas, los que ninguna otra estrella
quiere tener a su lado en la foto. Los contratos millonarios
se acaban, las presentaciones se cancelan, ya no hay "taquilla".
Si son cantantes, quedan como "teloneros" de las nuevas grandes
estrellas, si son actores quedan para "reparto" y cada vez
sus créditos en la pantalla al final de la película
serán más y más pequeños. La única
forma para mantener la vigencia y acaparar grandes titulares
en las revistas del corazón será a través del
escándalo.
Lo hemos visto recientemente con Britney Spears. La niña
mimada que se inició a los 16 años saltando a la
fama con su single "Baby one more time" y que desató
una Britneymanía mundial, es hoy una triste sombra
de lo que el alcohol, las drogas y la estupidez de no entender
el valor del éxito han convertido. Alguna prensa de farándula
ha llegado a comentar que la muchacha no está en sus
cabales, de hecho, el jueves pasado fue internada nuevamente
en un hospital. Ya no sabe qué hacer para llamar la atención,
se rapó el pelo, se paseó ante todos sin ropa interior
y como consecuencia de una racha de excesos le quitaron la
custodia de sus hijos. El último recurso para acaparar
los titulares: el exceso, el grito, el escándalo¿
Insultar al Presidente de otro país con los peores epítetos,
masticar hojas de coca como si fuera chicle bomba, abogar
ante el mundo por la beligerancia de organizaciones consideradas
como terroristas, poner en el congelador las relaciones con
nuestro natural socio comercial poniendo en riesgo un intercambio
de 5 mil millones de dólares, jugar al Sherlock Holmes
de la Historia averiguando lo innecesario y "jurungando" los
muertos investigando el supuesto "asesinato" del Libertador,
¿no son evidentes muestras de una necesidad imperiosa
de "ser un gran titular"?
El problema está cuando las cosas importantes y trascendentes
como la inseguridad, la inflación y el desabastecimiento
son mucho más escandalosas¿
Seguramente el ex ídolo pop será sólo un caliche.
Un periódico de ayer.
mariaisabelparraga@gmail.com