En su discurso de Angostura, el Libertador Simón Bolívar
formuló la célebre frase que "moral y luces son
nuestras primeras necesidades". A partir de allí,
la educación siempre se ha ubicado como factor universal
de progreso; y es respuesta universal de políticos y
gobernantes ante las deficiencias culturales e informativas
de grandes segmentos de la población.
Pero la prioridad por la educación pública tiende
a ocultar factores que resultan decisivos para el proceso
formativo humano, mucho más allá de lo que pueden
suplir las escuelas de cualquier sociedad.
Familia
En primer término está la ausencia de estructuras
familiares. La nutrición y afectos que recibe cada criatura
en el período pre y postnatal tiene impacto decisivo a
lo largo de sus vidas. Desgraciadamente en extensas capas de
la población se acumulan generaciones sucesivas de seres
limitados por falta de esos elementos fundamentales.
En demasiados casos no existen los ejemplos y valores que
provienen de sanas estructuras familiares, que son imprescindibles
aún para el éxito de la educación formal, pública
o privada.
Luego viene el entorno social, y la avalancha de mensajes
que absorbe la población por múltiples vías
de comunicación pública. Muchos analistas de este
tema se limitan a ahorcar al mensajero -atacando los medios
masivos de comunicación social- sin rozar siquiera las
verdaderas fuentes de los malos ejemplos y la deformación
social.
Atraso intelectual
Entre esas fuentes se hace inevitable señalar
un factor fundamental de alto impacto negativo en toda sociedad:
El pernicioso efecto de ciertos dirigentes públicos y políticos
en el atraso intelectual é informativo de sus propios gobernados.
Quienes gobiernan naciones con su conducta aportan modelaje
que -lejos de ser constructivo, enaltecer y elevar- rebaja
el medio ambiente de sus sociedades a la par que degrada moral
e intelectualmente el debate público, esparce desinformación,
alimenta mitos, propaga mentiras, y vulgariza todo cuanto
toca con el pretexto de "hablarle al pueblo en su propio
lenguaje".
Quienes a conciencia transitan los mínimos comunes denominadores
de conducta pública revelan profundo desprecio por sus
propios gobernados, a los cuales en el fondo consideran incapaces
de superarse.
La historia mundial está plagada de semejantes flautistas
de Hamelín, propulsores de la mala educación que
degeneran el comportamiento colectivo. Son antípodas
de Simón Bolívar, el perfecto caballero, dedicado
a superar pueblos.
aherreravaillant@yahoo.com