La mentira es el armazón sobre el que se ha construido
la nueva fórmula del éxito de Hollywood, estrategia
para recuperar dinero a muy corto plazo gracias a una campaña
de promoción basada en la ausencia de la misma.
"Marketing viral" ha sido el ingrediente secreto para conseguir
41 millones de dólares en el fin de semana de estreno
de "Cloverfield" y el que ha permitido a sus creadores descuidar
escandalosamente todo factor cinematográfico. Tras el
éxito de la película, los magnates de Hollywood
pueden dormir tranquilos y dejar vía libre a la huelga
de guionistas, siempre y cuando no sea secundada por los creativos
publicitarios.
"Cloverfield", con su ínfima materia argumental, obra
el milagro de tener ambiciones de superproducción con
sólo 30 millones de dólares de presupuesto y de
haber detonado con un puñado de fotografías la imaginación
y la angustia de un público dispuesto a morder el anzuelo.
Visto el resultado, cobra sentido una campaña de promoción
que se negó a mostrar metraje, a desvelar argumento.
Menos es más y, en consecuencia, nada es todo. Hollywood
hace honor de manera más fiel y sangrante que nunca a
su condición de "fábrica de sueños" y, en su
labor de prestidigitación, culmina el señuelo haciendo
desaparecer la propia película.
Están medidos los recursos y están aplicados con
inteligencia, por lo que se puede decir que el truco es lícito
e incluso admirable. J.J. Abrams, productor de éxitos
televisivos como "Lost", confirma con él su capacidad
de gurú de masas. De masas humanas y monetarias.
"Cloverfield" es lo de siempre. Puede que peor, pero desde
luego más barato y, en consecuencia, más rentable.
Personajes básicos sumados a situaciones inverosímiles
y a una trama reiterativa. La receta clásica del usual
cine de catástrofes.
Así, la expectación levantada por todo ese arte
de desviar la atención de lo que realmente importa es
rematada por el director Matt Reeves y su equipo de actores
televisivos -Lizza Caplan, Jessica Lucas y Michael Stahl-David-
con una suerte de inocentada a destiempo.
A falta de otros enigmas, el espectador intentará descubrir
cómo diablos una cámara aguanta incendios, bombardeos,
accidentes y el ataque de un ser gigantesco o qué clase
de plaquetas tienen los protagonistas para no desangrarse
tras heridas de considerable gravedad. "Cloverfield" es, según
su director, "una metáfora sobre nuestra época".
Si se refiere a que el mundo es una estafa muy bien publicitada,
quizá tenga razón. (Efe)