La gran final del beisbol venezolano ha mantenido la misma tónica de igualdad que se vio durante la ronda regular. No ha existido diferencia mayor a las tres carreras en ninguno de los partidos, duelos de estrategia entre ambos managers, jugadas polémicas, pelota jugada con intensidad. Todos los ingredientes necesarios para tener una de esas finales de las que se recuerdan con el paso de los años.
Cardenales regresó a Barquisimeto con la responsabilidad de utilizar su localía como factor decisivo. Cualquier traspié los dejaría fuera de la Serie del Caribe en República Dominicana.
Luis Sojo hizo esfuerzos increíbles para mantener animados a sus pupilos durante el retorno a la capital de Lara.
Los Tigres, en cambio, mantenían la tranquilidad de tener un crédito, mínimo, pero crédito al fin para la fase crucial de la gran final. Llegaron adelante en la serie al Antonio Herrera Gutiérrez de Barquisimeto y una victoria más les dejaría con su séptima corona en la pelota profesional venezolana.
Cualquier cosa que no sea ganar, deja de existir en el vocabulario del roster de los aragüeños. Las garras y los colmillos debían estar más afilados que nunca antes del duelo del martes en la noche. Ir a un séptimo partido no le resultaba un escenario ideal.
La escena quedó servida para un duelo inolvidable en suelo larense. Ambos, sencillamente, se jugaban la vida en ese duelo.