Recuerda el país que el Chávez candidato de 1998
prometía freír en aceite cabezas de corruptos. La
desconexión entre la clase política y el pueblo
hizo que cayera la IV República, herida de muerte por
el menosprecio a la democracia y la creciente incapacidad
de los poderes públicos de dar respuesta al ciudadano
de a pie. Los poderosos se pagaban y se daban el vuelto.
Luego vino la Constituyente, que resolvería los problemas
de la sociedad venezolana. Prometió una Democracia Participativa.
Se necesitaba un nuevo modelo de Estado e institucionalidad
que rompiera con el pasado.
Ahora, Chávez, presidente, derrotado el 2D y en su segundo
y último periodo presidencial, lanza la consigna "ahora
sí". Ahora sí va a encargarse de la inseguridad,
de la inflación, de la escasez y del desempleo. Pero
Venezuela cambió para siempre. Los venezolanos maduramos
políticamente y sabemos que obras son amores y no buenas
razones. Mientras un día a la semana el Presidente promete,
utiliza los otros seis para incumplir, ocupándose de
asuntos que a nadie benefician, sólo a él en su
obsesión por el poder y la guerra.
Aun con el petróleo a 100 dólares el barril, los
venezolanos estamos en la misma condición de desconexión
y abandono, pero el desempleo, la discriminación, el
miedo, la corrupción, la inseguridad, la escasez y el
costo de la vida son mayores. Los poderosos se pagan y se
dan el vuelto.
La buena noticia es que sabemos lo que queremos: un país
unido, próspero, seguro y comprometido con el desarrollo
de su gente. Nace una nueva conciencia colectiva y la emoción
de trabajar juntos por un nuevo tiempo para Venezuela, donde
se haga política buena, que abrace al pueblo, que pueda
darle la mano y mirarle a la cara con la solvencia moral del
que trabaja con honestidad y sin cansancio. Ahora es cuando
hay futuro.
Estudiante UC - Dirigente Juventud UNT
aeal2000@hotmail.com