WILLIAM PADRÓN
ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL
Boris Izaguirre, en plan divo y arrogante, intentaba acceder
al camerino de Dudamel, una vez finalizado el concierto. Su
actitud daba cuenta del fenómeno en que se ha convertido
el director a sus 27 años: personajes como Miguel Bosé,
animado por su buen gusto musical, asistía a presenciar
la comentada presentación, menos esnobista.
"La moda lo dice todo, pasa de moda. No creo que se trate
de una moda. Se trata simplemente de una evolución¿
quizás hay una especial atención en este momento.
Lo más importante para mí es hacer música y
hacerla al mejor nivel que pueda", reflexionaba Dudamel en
Zaragoza, finalizado el ensayo general. El cierre de gira
de la Orquesta Sinfónica Juvenil Simón Bolívar
de Venezuela en el Auditorio Nacional de Música de la
ciudad de Madrid, España, fue justo lo que se esperaba.
Anoche personalidades como Julio Linares, presidente de Telefónica
de España, Carolina Herrera hija o la hermana del Rey
se colaban entre los espectadores.
La destreza y entrega de unos jóvenes que durante su
estadía en España tenían la concentración
en aumento, evidenció el desarrollo adquirido como músicos
en constante exposición mundial. La audiencia española
es exigente, culta, rígida en su concepción acerca
de la ejecución de la música clásica y aun
así la Sinfónica extendió el salvajismo de
La consagración de la primavera, de Igor Stravinski
(1882-1971) a niveles que sólo la osadía y volatilidad
que los caracteriza en la ejecución de sus instrumentos
convenció a ibéricos y por supuesto nostálgicos
venezolanos residenciados en Madrid. Dudamel y sus cómplices
músicos desgarraron la curiosidad del recinto hasta dominar
las escalas de armonía que supuso su segundo acto Sinfonía
No 5 en mi menor de Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893).
Gustavo Dudamel se confiesa un músico más de la
Orquesta, pero es el responsable de incrementar la adrenalina
de unos lozanos filarmónicos que sólo conocen el
llevar al límite sus instrumentos. Puede parecer curioso
a europeos la interpretación de Mambo en el bis
de la noche, pero lo que demostraron estos jóvenes anoche
en el Auditorio de Música fue la consumación de
una Sinfónica Juvenil que aprendió a hurgar en su
propia pasión al punto de arrastrar la atención
de audiencias que valoran esa formación académica
dominada por el instinto rebelde ejecutado por la Simón
Bolívar.
Así clausuró esta gira, así es la Sinfónica
Juvenil Simón Bolívar, una orquesta acostumbrada
al exceso pasional de su percepción sonora. Dudamel es
imparable, les exige porque conoce sus límites e internamente
se demanda talento explosivo ante la curiosidad de cada sala.
José Antonio Abreu se regocijaba en el logro. Previo
al recital firmó un convenio con la Hilti Foundation
para entregarle equipos a la organización liderada por
él.