Los pacientes de más bajos recursos son los principales afectados por la toma ilegal
JAVIER BRASSESCO
EL UNIVERSAL
En el guión todo marchaba bien. La Fundación Antidiabética se disponía a construir un hospital de cinco niveles en el que trabajarían casi cien médicos y se atenderían cuatro mil pacientes mensuales. Una ayuda invaluable para los pacientes de bajos recursos que padecen una enfermedad como la diabetes, que devasta por igual los cuerpos como los bolsillos de los pacientes.
Lo acondicionaron, lo convirtieron en un local antisísmico, pusieron todo a punto, el propio presidente Hugo Chávez ofreció en audiencia privada a Bichai Rattacult, presidente mundial del Rotary Club (que administra la Fundación Antidiabética), ayuda del Estado para terminar de dotarlo... y el edificio lo invadieron.
De eso hace más de tres años y lo único que ha cambiado es la fachada del local (justo en el cruce entre la avenida Libertador y Maripérez), hoy repleta de muros con ladrillos que han construido los invasores. El Rotary Club envió cartas a la Vicepresidencia de la República, por entonces encabezada por José Vicente Rangel, y a la Alcaldía Mayor, pero ni siquiera le dieron un acuse de recibo.
Miguel Padrón, médico de la clínica popular para diabéticos que se encuentra en San Martín, explica que en el proyectado Centro Diabético del Caribe se podrían hacer ciertas intervenciones quirúrgicas que no son posibles en San Martín por falta de presupuesto y espacio, como cirugías ambulatorias de cataratas y tratamientos especiales de pie diabético.
Y hace énfasis en que siempre los más favorecidos van a ser las personas de bajos recursos, pues se trata de una enfermedad muy costosa: "El diabético vive con el tratamiento y suele tener complicaciones crónicas, ya sean nefrológicas, de la vista, lipidémicas o neuropatías".
Por su parte, Miguel Ostos, gerente general de la Fundación Antidiabética, explica que en el país es muy necesario un hospital que atienda específicamente a diabéticos, y recuerda que la enfermedad ha avanzado mucho en los últimos años y sobre todo en los países subdesarrollados, al punto que la Organización Mundial de la Salud la declaró la epidemia del siglo XXI.
Asegura que en Venezuela existen casi siete millones de personas entre diabéticos, quienes están en camino de serlo y aquellos que no saben que padecen la enfermedad.
Relata que cuando el edificio Maripérez fue invadido por primera vez, los miembros de la Fundación Antidiabética lograron convencer a los invasores para que se fueran, pero que a las pocas semanas llegó otro grupo más grande, el cual se mantiene hasta hoy.
Dice que han tratado de no armar demasiada alharaca con el tema, pero tal vez es un poco de alharaca lo que necesitan: en la Alcaldía Mayor ni el director de Relaciones Institucionales, ni el procurador metropolitano ni el secretario de Seguridad Ciudadana dijeron conocer el caso.
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