Valero, Blanco y Rojas, del equipo olímpico, celebran en su natal Guatire
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KLARA AGUILAR VÁSQUEZ
ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL
Los estudiantes del Colegio San Martín de Porres de
Guatire no pueden y tampoco quieren disimular la emoción
que les invade al recibir en su escuela a tres atletas guatireños
que integran la selección masculina de volibol nacional,
que alcanzó por primera vez la clasificación a unos
Juegos Olímpicos, esta vez a los de Pekín 2008.
Una entrada cautelosa y con mirada expectante realiza Rodman
Valero, ex alumno de ese plantel educativo, y ahora considerado
un héroe del deporte zamorano. En medio de gritos, aplausos
y una especie de euforia colectiva, Rodman llega a la cancha
de su antigua escuela para recibir los honores que han preparado
para él, y para sus compañeros Andy Rojas, capitán
del equipo, y Juan Carlos Blanco, quienes con su presencia,
cinco minutos más tarde, le inyectaron mayor entusiasmo
a la chiquillería. "¡Felicidades, felicidades!", expresaba
un grupo de chiquillos.
"Luchen por sus sueños y luchen pos sus metas, sueñen
siempre con llegar a los más alto", les dijo Rodman.
Una historia de constancia
La vida de los tres jugadores de volibol ha sido una
constante lucha por alcanzar la meta de todo deportistas: las
olimpiadas. "Son muchos sacrificios. He dejado familia, muchas
veces los estudios, pero ha valido la pena. Desde que comencé
en el volibol, me he puesto metas a corto y a largo plazos;
el sueño de todos es llegar a unos juegos olímpicos
que es el tope del deporte, cada uno para llegar allí sacrifica
muchas cosas y se esfuerza mucho", dice Valero, quien a los
11 años comenzó a practicar la disciplina.
"Me fui del colegio cuando estaba en cuarto año y terminé
los estudios en Caracas. Estoy desde los 15 en la selección,
todo el tiempo alejado de la familia", cuenta el atleta de
26 años de edad y padre de un niño de dos años
llamado Daniel, nacido de la unión con su esposa Adriana
Berroterán.
Y es que si en algo coinciden Rodman, Andy y Juan Carlos
es en el hecho de que su familia ha sido pilar fundamental
para llegar al nivel deportivo que hoy celebran. "Mi madre
Margarita Capon y mis hermanas Jeny y Johana han estado apoyándome
siempre", enfatiza Valero.
Mientras, Andy Rojas, el capitán de la selección,
no titubea en decir: "Este triunfo se lo dedico a mis viejos
Agustín Rojas y Omaira de Rojas, de verdad a ellos se
lo debo todo". Rojas, ahora con 30 años de edad, empezó
su historia deportiva a los 12.
"Me inicie aquí en Guatire, jugando en la Copa Maltín
Polar. Estudiaba en la Unidad Educativa Elías Calixto
Pompa, luego empecé en el Liceo Juan José Abreu
y seguí con el volibol, hasta que llegué al Polideportivo
de Guatire, que fue la base de todo, porque allí conocí
a entrenadores como Fernando Ruiz, Leandro Cabrera y Chabela",cuenta
Rojas, quien se muestra preocupado por las condiciones en
las que se encuentran las instalaciones deportivas de Zamora.
"Es muy triste ver en las condiciones que están. Aquí
crecí y aquí me mantengo y cuando no estoy en la
selección vengo a jugar con mis compañeros. Nuestras
canchas y el Polideportivo Francisco Mujica Toro necesitan
más cuidado porque además se lo merecen. Este pueblo
ha dado muchas glorias deportivas", enfatiza el atleta, quien
confiesa que su locura es el volibol, pero que en sus ratos
libre disfruta de las motos de carrera y de la playa.
"Amo la playa. Es mi punto de relajación", comenta Rojas.
Juan Carlos Blanco, quien complementa el trío de ídolos
guatireños, dice sentirse un poco sorprendido por la
euforia de los muchachos en la Unidad Educativa San Martín
de Porres, quienes no escatiman esfuerzos para pedirles que
les firmen un autógrafos.
"Sin duda alguna no me esperaba este recibimiento, estábamos
allá y decíamos algo nos tienen preparado, pero
no imaginaba tanta euforia", refiere.
Estudió en la Escuela Santa María Goretti de Guatire
y también en Liceo Juan José Abreu, y desde el momento
que comenzó a jugar voleibol su vida dio un cambio vertiginoso.
"Todo fue muy rápido. Primero la selección municipal,
luego la del estado (Miranda) y después la nacional.
Es difícil, porque no hay tiempo para la familia. Es
un deporte de mucho sacrificio, pero vale la pena. Por unas
olimpíadas sí vale la pena", reitera el deportista.
Blanco tiene 26 años y una hija de cuatro, su pequeña
Nicole Isabel, quien mañana le dará la bienvenida
a su hermana Giorgia Isabel.
"Eso ha sido lo más difícil: estar durante ocho
meses lejos de mí hija y de mi esposa Marisabel", destaca
Blanco, un atleta interesado también por los estudios
de psicología.
"Soy un apasionado de la lectura y ahora estoy haciendo la
carrera de psicología", cuenta el deportista, quien asegura
que el triunfo es el fruto obtenido de la perseverancia.
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