La victoria popular del 2 de diciembre ha dejado al chavismo
sin palabras, o lo ha colocado en un estado de carencias a
través de la cual se descubre una situación de orfandad
capaz de desembocar en sucesos peligrosos para la recuperación
de la democracia. La publicidad oficial se ha plantado en
el "Por ahora..." pronunciado por un golpista después
del fracaso estrepitoso de su madrugonazo, en el empeño
de volver a las raíces para encontrar el impulso desvanecido
en una década de desilusiones. La insistente repetición
de la frase en los carteles de la publicidad oficial, tal
vez pueda orientar la reflexión que la sociedad requiera
para profundizar el primer capítulo de la restauración
de los usos democráticos que apenas ha comenzado.
Desenlace violento
La frase remite a dos contingencias sucedidas en febrero
de 1992: la búsqueda de un desenlace violento a los problemas
del país y el inicio del encumbramiento de un personalismo
oculto en la supuesta hazaña de reivindicación nacional.
El hecho de que las mismas palabras suenen de nuevo en nuestros
oídos como producto de una estrategia de publicidad,
pretende que nos ubiquemos expresamente y sin mediaciones
frente a lo que evocan en sentido elemental para los venezolanos:
la alternativa de una salida de fuerza contra la voluntad
popular y la valoración del rol de un líder único
como respuesta para las urgencias del porvenir. Es evidente
cómo lo que trae el eco de los gastados ruidos no muestra
sino la desnudez del régimen en materia de ideas, pero
la debilidad se convierte en la mayor amenaza contra los designios
democráticos anunciados hace poco.
La evocación del movimiento golpista nos aconseja que
miremos hacia el interior de los cuarteles, como si en la
sensibilidad de sus habitantes estuviera la llave para clausurar
la ventana que ya se ha abierto para la llegada de oxígeno
vivificador. El régimen quiere que nos pongamos a averiguar
cómo está el humor en Fuerte Tiuna, cuando es esa
la última averiguación que debe hacer una sociedad
cuyo propósito es la vuelta a sus orígenes genuinamente
republicanos. Sin embargo, las vallas del oficialismo insisten
en el examen del paisaje castrense.
El examen se torna sombrío cuando evocamos el espectáculo
del alto mando escuchando las invectivas de su comandante
en jefe contra la victoria del 2 de diciembre, un aspecto
del panorama en el cual se quiere plantar la publicidad para
que no nos entusiasmemos demasiado con el logro de la víspera,
para que sintamos que existe un enjambre de bayonetas preparado
para saltar sobre nosotros. Pero eso es lo que quiere el "Por
ahora¿" que se nos machaca en todos los rincones, que
nos atengamos al antiguo miedo de la sociedad frente a los
hombres de presa, que no seamos capaces de dar un paso sin
procurar el parecer de las casernas, como si existiera de
veras una sólida guardia pretoriana alrededor del divino
César, o como si ya no hubiéramos fraguado un capítulo
fundamental de nuestra autonomía desde una perspectiva
esencialmente civil.
El salvador
La frase convertida en eslogan busca, por último, que
otra vez giremos alrededor de quien la pronunció originalmente,
que lo tengamos de nuevo presente como salvador y única
luz. Una "revolución" que sólo se siente iluminada
por un sol y que desconoce la existencia de constelaciones
de otros astros en su firmamento, reparte de nuevo la estampita
del santón milagroso quien en una ocasión soltó
una jaculatoria desesperada gracias a la cual pudo flotar
en río revuelto. Quiere hacernos sentir cómo ese
santón se ubica por encima de las circunstancias para
dominarlas a su antojo pese a que le hayan sido adversas recientemente.
Proclama otra vez la aparición del líder irreemplazable
ante quien se rinde la colectividad toda, como sucedió
en el pasado reciente.
Los hechos se enfrentan con tozudez a la resurrección
del "Por ahora". Han mostrado el derrumbe de un mito personal
y la reducción de su influjo en la Fuerza Armada Nacional.
En consecuencia, el eslogan puede compararse con los gestos
baldíos de quienes carecen de argumentos consistentes
para explicar la realidad cuando es esquiva.
Sin embargo, pueden igualmente augurar salidas riesgosas
para el experimento democrático de nuestros días.
¿No son esas salidas las primeras que brotan de la desesperación
y de la falta de ideas?
eliaspinoitu@hotmail.com