NOELIA SASTRE
ESPECIAL / EL UNIVERSAL
Dice el tenor peruano Ernesto Palacio que siempre ha habido
dos tipos de cantantes: "los que hacen su carrera en teatros
de calidad y los que se ven favorecidos por el plus de popularidad
que proporciona el disco". Palacio pone como ejemplo entre
los primeros a Alfredo Kraus. "Para muchos no tenía igual
en su época", apunta. Y nombra a uno de sus discípulos,
el venezolano Aquiles Machado, como muestra de los tenores
latinoamericanos actuales. "Está haciendo una gran carrera,
aunque su nombre no sea tan mediático como el de Villazón,
Flórez, Vargas o Álvarez, convertidos en estrellas
gracias a las grabaciones".
Machado prefiere llenar su currículo de grandes escenarios
y el jueves volvió a demostrarlo, añadiendo a esa
larga lista el Carnegie Hall de Nueva York, donde se convirtió
en Jacopo Foscari de I due Foscari, la temprana ópera
de Verdi. Tras su alabada interpretación como Rodolfo
en La Bohème en su debut del 2003 en la Metropolitan
Opera, y sus actuaciones en el Teatro Real de Madrid, la Ópera
de Viena, el San Carlo de Nápoles, Tokio o Amsterdam,
el tenor venezolano inauguró la 37 temporada de la Orquesta
de la Ópera de Nueva York en la mítica sala de la
calle 57.
Fue una sola actuación, con el montaje tradicional de
un gran concierto y pinturas venecianas del Renacimiento proyectadas
sobre el fondo del escenario para ambientar la época
y los personajes de esta tragedia lírica en tres actos,
estrenada por primera vez en Roma en noviembre de 1844 con
libreto de Francesco María Piave, a quien Verdi pidió
"personajes bien definidos, delicados y con rasgos muy dramáticos".
I due Foscari, inspirada en la obra de Lord Byron
del mismo título, es una de esas óperas del compositor
italiano que no han alcanzado reconocimiento masivo, aunque
sí el de los melómanos. Ambientada en el siglo XV,
cuenta la historia de Jacopo Foscari, hijo del Gran Duque
de Venecia, injustamente condenado al exilio. Si bien su padre
sabe que es inocente, desoye las súplicas de Lucrezia,
esposa de Jacopo, y mantiene el veredicto del Consejo de los
Diez.
Eve Queler, directora musical de la Orquesta de la Ópera
de Nueva York, con la que ha conducido más de 90 óperas
en el Carnegie Hall, fue la encargada de dirigir con su batuta
I due Foscari, que sólo había sido presentada
una vez en Estados Unidos por una compañía italiana.
El del jueves fue, por tanto, un triple debut. Por un lado,
una orquesta americana interpretó por primera vez la
ópera de Verdi. Por otro, la soprano estadounidense Julianna
Di Giacomo y el tenor venezolano Aquiles Machado debutaron
en el Carnegie con sus papeles de Lucrezia y Jacopo. Junto
a ellos, el veterano barítono italiano Paolo Gavanelli
se convirtió en el Gran Duque. Los tres arrancaron sonoros
aplausos del público a medida que el drama iba ganando
en intensidad y sobre todo al final, tras 115 minutos de impecable
actuación.
Queler destaca el repertorio de su orquesta en esta nueva
temporada, con "excelentes solistas y obras de Verdi, Bellini
o Puccini". Conocida por su habilidad para trabajar con jóvenes
cantantes que con el tiempo se convierten en aclamados artistas
(José Carreras y Renée Fleming entre ellos), Machado
suma el nombre de la directora neoyorquina a la nutrida colección
de maestros que lo han dirigido, como Plácido Domingo
o Rostropovich.
Con su poderosa voz -"un valiente cantante de sangre y tierra",
según la crítica- el venezolano continúa seduciendo
al público. Y tiene planes para rato, porque sus próximas
actuaciones incluyen al Met de Nueva York con La Gioconda,
Madama Butterfly en La Scala de Milán y La Bohème
en Nápoles, entre otras.