Claro que la oposición tienen el derecho de estar contentos
por haber logrado parar la ofensiva, pero igualmente muchos
chavistas se sienten inmensamente aliviados por no tener que
implementar La Deforma, lo que para ellos hubiere significado
un suicidio. Quienes se identificaron con la abstención
se encuentran algo callados, mientras quienes votaron NO esgrimen
la bandera de la reconciliación.
En el lado del SÍ, el chavismo radical insiste en una
estrategia divisiva que expuso el profesor de la UCV Vladimir
Acosta al ser entrevistado por Vanessa Davies: "La tarea inmediata
es recuperar la combatividad de los sectores populares para
evitar que los sectores más inteligentes de la oposición,
que no son los desquiciados, se combinen con los sectores
moderados del chavismo, ya que ello significaría convertir
esta derrota coyuntural en una derrota estructural".
Entre reconciliar o profundizar la división del país
no cabe duda sobre lo que la mayoría quiere. No obstante
el problema es que a corto plazo resulta más fácil
sembrar odio y crear conflictos que desarrollar y lograr vender
las soluciones sostenibles que requiere nuestro país.
El país después de tantas divisiones dolorosas
no merece ser pegado con saliva sino que necesita de una pega
mucho más fuerte. Los políticos buscarán la
salivita que ellos consideren necesaria pero, como no soy
político, me puedo dar el lujo de exponer sobre una súper-pega-loca,
aun cuando les suene demasiado loca.
El indiscutible líder de las políticas públicas
erradas en Venezuela es la venta de la gasolina por debajo
de su valor oportunidad. En tal sentido, cualquier gobierno
que no quiera enfrentar y no tenga la fuerza para solucionar
lo anterior no es un gobierno que merece gobernar, mientras
que cualquier gobierno que logre solucionar tal problema muy
probablemente tenga la capacidad de solucionar muchos otros
problemas. Es tan sencillo como eso.
¿Y cómo se puede llevar el precio de la gasolina
a su correcto valor en la Venezuela dividida de hoy? Despierto
no estoy muy seguro, pero soñando sueño con lo siguiente:
El país firma un contrato de diez años mediante
el cual se le otorga a las universidades del país y a
sus estudiantes la concesión exclusiva para vender
la gasolina en Venezuela, asegurándoles el suministro
de la gasolina al precio actual, gratuito. Igualmente se les
entrega a ellos la administración de todas las carreteras
de la nación.
Los estudiantes con el negocio de gasolina bajo el brazo
buscan el financiamiento necesario para que el día que
aumenten muy fuertemente el precio de la gasolina, puedan
colocar sobre todas las calles de Venezuela un transporte
público digno y gratuito y que cuente con sus vías
exclusivas de movilización. Igualmente, como medida compensatoria
transitoria, subsidiarán el costo de transporte de algunos
de los productos básicos. Con el tiempo, con lo que produce
la concesión, los estudiantes hasta podrán construir
un tren veloz que atraviesa todo el país, así como
hacer muchas otras cosas buenas.
Al final del contrato, cuando toda la ciudadanía reconoce
estar mejor con la gasolina vendiéndose en un precio
que refleje su valor, los estudiantes y las universidades
le devuelven la concesión al gobierno. Para ese momento,
ya el gobierno tiene a muchos de los actuales estudiantes
en sus filas, por cuanto éstos aprendieron a gobernar
como se debe gobernar.
Por supuesto que en una generación Venezuela puede duplicar
el ingreso por habitante al mismo tiempo que logra una distribución
más justa de tal ingreso. Lo que hace falta es sólo
gobernar para el país y dejarnos de ser unos cursis y
acomplejados copionetos de lo que la derecha o la izquierda
ofrecen en otros países. Amigos, con nuestros estudiantes
vayamos buscando a una Venezuela echada-palante, que en lugar
de querer defenderse del mundo quiera aprovecharse de él,
para el bien de todos.
perkurowski@gmail.com
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