roberto giusti
el universal
Pareciera que la derrota a la presunta infalibilidad y el
remedio para recuperar la humildad que le administró
ayer el pueblo venezolano a Hugo Chávez no surtieron
el efecto deseado y pocos minutos después de conocerse
los resultados (él los tenía desde horas antes),
se dio el lujo de insinuar que no le interesaba una victoria
pírrica, como la obtenida por quienes se opusieron a
su propuesta.
Allá él, y si la mayoría de los venezolanos
debe saber administrar la victoria, tal y como fue su recomendación,
él tendrá que aprender a administrar su derrota.
Eso significa aceptar que fue despojado de su proyecto político,
el mismo que traía bajo el brazo el 4 de febrero de 1992.
El país, junto a la FAN, rechazó su idea de convertirse
a su socialismo particular y ahora deberá ceñirse
a una Constitución que después de ocho años
ya no satisfacía su apetito de poder indefinido. Una
derrota que, paradójicamente, lo salva a él y al
mismo país de la catástrofe que le esperaba de haberse
aprobado una reforma dirigida a establecer el totalitarismo.
Por ahora, requiere una dosis de humildad para aceptar y comprender
por qué alguien que hace un año logró arrollador
triunfo por más de 3 millones de votos y 20 puntos de
diferencia, ve reducido su capital político a poco más
de la mitad.
Seguramente no cejará en su empeño, ya lo dijo
anoche, pero, por ahora, tiene sus días contados y en
el mejor de los casos en febrero del año 2013 tendrá
que entregar el poder, lo cual no resulta poca cosa si hasta
hace apenas un par de meses ni los más optimistas se
imaginaban que mordería el polvo de la derrota gracias
a los votos de quienes lo amaban -Chávez dixit-
con delirio. Los suyos, los delfines sentirán que vuelven
a la vida y seguramente se enzarzarán en una lucha por
la sucesión a medida que se diluya la lúgubre frase
de "patria, socialismo o muerte", mientras en el exterior
recapacitarán sobre la inviabilidad de un proyecto rechazado
en su fuente original. Por el momento este gobierno y este
líder parecen haber entrado en la fase del descenso,
en el alejamiento progresivo de las masas, en la pérdida
de la frescura, en la caída, más rápida o más
lenta, que echa por tierra la intención de cambiarle
la vida a todo un país.
Cierta oposición también debe sacar cuentas y aprender
con los estudiantes, centro de gravedad del proceso que llevó
a esta victoria, cómo la democracia y no otro es el método
para derrotar los afanes de dominación total. Por eso
y muchas razones podemos decir que la libertad reventó
una camisa de fuerza y respira, agradecida al pueblo que la
rescató a punta de votos.