JOSÉ ANTONIO AZOPARDO
EL UNIVERSAL
Los venezolanos y unos cuantos ciudadanos provenientes de
otras latitudes recibieron su lección de rock, pero también
una dosis de viejas emociones por parte de Soda Stereo.
Durante tres intensas horas, el legendario trío argentino
revivió la nostalgia del público y se ocupó
de recordar por qué ocupan un alto sitial. Impartió
su lección de historia del rock.
La remoción de recuerdos comenzó a las 9:07 pm
con la transmisión de un video con imágenes históricas
del grupo. Los gritos de la multitud también despegaron
tanto como su memoria, que no dejaría de volar durante
toda la jornada.
Tal como durante los shows celebrados en otros paíes,
Gustavo Cerati, Héctor "Zeta" Bosio y Carlos Alberto
Ficicchia repasaron aquellas piezas más esperadas, incluidas
Persiana Americana, La ciudad de la furia, Zoom, Signos,
Primavera 0, Un millón de años luz, Cuando pase
el temblor, Final caja negra, Danza Rota, Fue, En remolinos,
No existes y De música ligera.
Para alimentar las pasiones de las casi cuarenta mil personas,
un cargamentol de equipos de iluminación acompañó
cada acorde. Tres inmensas pantallas de LCD, que a ratos se
dividieron y convirtieron en seis, se ocuparon de ambientar
y de mostrar las figuras de los rockstars.
Encima de ellas, tres módulos redondos móviles
también produjeron destellos de colores.
Todo terminó por construir un original y estimulante
ambiente para cada uno de los veintinueve temas interpretados
durante la noche.
Los integrantes de la banda interactuaron poco y se mantuvieron
casi siempre distantes en tarima.
Sólo al final Cerati bromeó con el resto de los
músicos que les acompañaron. A lo largo del show,
tres cámaras de video se ocuparon de captar los movimientos
y los gestos del trío para el público.
Recalentamiento a la inversa
El más efusivo resultó ser el vocalista Cerati,
quien se dirigió simpáticamente al mar de gente.
"Es la primera vez que estoy en Caracas y hace algo de frío.
Es el recalentamiento global a la inversa", dijo casi al comienzo
del recital.
"¡Qué día el de hoy eh!", exclamó luego. Y
hasta recordó sus viejos tiempos del Poliedro de Caracas:
"¡Cuantas cosas pasaron ahí dentro!", comentó.
Recital de instrumentos
En lo que sí se desvivieron los tres fue en volver a
demostrar sus habilidades como instrumentistas. No sólo
lo hicieron Zeta, Gustavo y Charly, sino también el menos
conocido resto de la banda. El público también respondió
a cada una de las frases y movimientos del trío sureño.
Cuarentones, treintones, adolescentes y hasta niños
(tal vez hijos de los fanáticos de Soda) secundaron casi
siempre al unísono con risas, lágrimas, alaridos
o coros. Era de esperar que al final de la noche, pasadas
las doce, la masa pidiera más. Después de todo habían
esperado casi diez años para revivir estas pasiones.
Luego de veinte temas se hizo el silencio, al grito de "otra"
(y también de "no a la reforma") volvió la música
con nueves canciones más y el trío terminó
su infusión de magistral rock sureño.