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Caracas, jueves 29 de noviembre, 2007  
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Sociedad
Los niños juegan cada vez menos

Los niños están muy expuestos a la tecnología y pierden interés en otros juegos
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A los siete años sólo quieren videojuegos, computadoras y celulares

GIULIANA CHIAPPE

EL UNIVERSAL

A los siete años, los niños están dejando de jugar. A esa edad, apenas pisando el primer grado, ya no quieren saber de muñecas ni de carritos, ni de ningún juguete que no tenga un chip en su interior.

Cada vez más pequeños, los niños dejan a un lado los juguetes para dedicarse a los videojuegos, las computadoras, los iPods, los celulares o el chat. Este es un fenómeno mundial denominado "age compressor" o "compresor de edad". En el 2000 los niños jugaban -con juguetes- hasta los diez años de edad. Hace una década hasta los trece. Y se estima que la edad siga bajando.

El problema es que la falta de juego que se pudiera llamar tradicional y que involucra la imaginación genera problemas sociales. Necesitan el juego, tanto como dormir, educarse y alimentarse. La abstracción perfecta es la de un niño jugando. Todos sus sentidos y su capacidad cerebral están en la misma sintonía: la de crear y vivir una historia a través de algún elemento que le dispara la imaginación y que suele ser un juguete. Es así como definen su personalidad y su conducta social, asumen roles, desarrollan la creatividad y aprenden a seguir instrucciones y normas.

Avi Kreisel es gerente general de distribuidora Kreisel, con 25 años en el mercado, y conoce muy bien el fenómeno del "age compressor". Denota dos cosas: preocupación por la falta de juego en los niños y la necesidad de innovar para intentar retener el mayor tiempo posible a ese niño que aún juega.

"Las ventajas que da un juguete no las sustituye la electrónica. Cuando el niño juega, fantasea. Al asumir roles, define conductas. Hoy los niños de todas las clases sociales están muy expuestos a la tecnología y pierden interés en el juego", comenta.

La campanada de alerta, acerca que los niños no estaban jugando, sonó cuando la edad bajó de 14 a 11 años. Kreisel cuenta que todos los sectores implicados -empresarios, psicólogos y docentes- pensaron que el "age compressor" se detendría en esos once años, pues jugar era inherente al niño. Pues no: el límite siguió bajando. Ya está en siete. "El fenómeno es exponencial. La edad seguirá bajando. Lo peligroso es que llegue a la edad preescolar donde el juego es más que importante", explica Avi Kreisel.

El proceso no es reversible, porque la tecnología forma parte de la vida diaria, pero sí pueden involucrarse algunos elementos que hagan más atractiva la actividad de jugar. Los padres no deben imponer, sino ser muy sutiles al momento de insinuar que el chico juegue. Los jugueteros también hacen su parte, según Avi Kreisel.

"Incorporamos la tecnología a los juguetes. Es fundamental. Por ejemplo, en la nueva línea de carros Los duros de Kreisel (a control remoto), tenemos uno que incluye un MP3, el Drifter, para que el niño incorpore la música que quiera, y que suena mientras lo mueve. Y los bebés (muñecos) tienen tanta tecnología que respiran, se les mueve el pecho, abren los ojos, se calman con palmaditas y reaccionan a la voz". Hay más: un microscopio, Óclope, que multiplica 200 veces el tamaño de las cosas y se conecta al televisor; Besitos Mojados, un perro que da lengüetazos casi reales; una fábrica de peluches y el Helípterux, nave a radio control diseñada para volar dentro de la casa, entre otras apuestas con las que la distribuidora se esfuerza en retener, el mayor tiempo posible, a sus consumidores naturales, los niños.

Con los carros a radiocontrol han logrado derribar la barrera etárea: los padres se entusiasman tanto o más que los propios niños. Lo mismo con los robots articulados de su línea, que atrapan a los chicos casi adolescentes. El esfuerzo para que los chicos sigan utilizando su imaginación, además de titánico, ha obligado a los jugueteros a aliarse con su mayor competidora, la tecnología.

"Lo más peligroso es quemar las etapas antes de tiempo. El niño que no juega, no puede interactuar socialmente. En los estratos socioeconómicos más bajos, muchas veces por necesidad o desconocimiento se saltan esa etapa y es justamente en esos sectores donde hay mayor índice de criminalidad y delincuencia", afirma Kreisel.

Equilibrio es la palabra clave.



 
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