La Biblia nos regala la primera referencia sobre la uva.
El capítulo nueve, versículos veinte y veintiuno,
cuenta que "Noé comenzó a cultivar la tierra, y
plantó una viña. Un día Noé bebió
vino y se emborrachó, y se quedó tirado y desnudo
en medio de su tienda de campaña". Despúes del diluvio,
Noé descubrió que el jugo de la uva había fermentado
dando lugar a una bebida potable. La fermentación hizo
posible que se transformara el azúcar del jugo de la
uva en alcohol y anhídrido carbónico, gracias a
la acción de minúsculas levaduras presentes en el
hollejo de la fruta, una vez madura. Por eso el vino constituye
una suerte de misterio de la naturaleza. Poseer viñedos
en estos tiempos era sinónimo de riqueza y poder. El
Libro I de los Reyes (4:25) expresa que "mientras Salomón
vivió, los habitantes de Judá e Israel vivieron
tranquilos, cada cual debajo de su parra y de su higuera",
es decir, que poseían vinos y frutas. Jorge Edwards apuntó
que "el vino bien bebido puede favorecer la inteligencia,
y, sobre todo, la inteligencia de los sentimientos y de las
relaciones humanas". Quizás por ello, tanto en Judá
como en Israel reinaba la alegría, pues había abundancia
de comida y bebida. Y Salomón, soberano de todos los
reinos comprendidos desde el río Éufrates hasta
el país filisteo y hasta la frontera de Egipto, era sabio
e inteligente, y con una capacidad comprensiva poco común.
Salomón pronunció, expresa la Biblia (Reyes 1, 4:20-29),
tres mil proverbios y compuso mil cinco poemas.
A lo largo de la historia, desde Grecia hasta la Península
Ibérica, el vino es sinónimo de alegría controlada,
de cultivo, de civilización y de cultura. No es otro
el testimonio que dejan los monjes de la Cartuja de Escaladei
en España.
En 1194, entre montañas de viva roca, fue creada la
Cartuja de Escaladei, gracias a la iniciativa del Rey aragonés
Alfonso II. Luego los monjes descubrieron que las tierras
eran ricas para cultivar uvas, aceitunas y almendras, y en
un medio cotidiano de la más estricta pobreza, poblaron
la provincia de cánticos, silencios, y cultivos. La Cartuja
de Escaladei, considerada la más rica zona de Catalunya,
estaba formada por los territorios de Aragón, Catalunya,
Valencia y Baleares. Su condición preponderante entre
las cartujas determinó su papel protagónico,
así como el desarrollo y la expansión de la orden
de los monjes cartujanos de Escaladei, tanto dentro como fuera
de España. De ello da fe la "Scala Coeli", en Evora,
Portugal, fundada en 1585.
La magnitud histórica y espiritual de Escaladei está
plasmada en su conjunto arquitectónico, producto de varias
campañas constructivas hasta el siglo XVIII. En la primera
mitad del siglo XIX, la Cartuja sufrió las consecuencias
de los movimientos populares anticlericales, que se desarrollaron
en la zona, dando como resultado la triste exclaustración
de sus monjes, la desaparición y dispersión de su
patrimonio artístico, de sus documentos, de su biblioteca,
y, finalmente, la destrucción del monasterio. Sin embargo,
sus ruinas constituyen hoy el eco de un pasado vivo, fértil
y próspero.
Cuando leemos en el Evangelio según San Juan que Jesús
expresó: "Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el que
la cultiva". "Si una de mis ramas no da uvas, la corta, pero
si da uvas, la poda y la limpia", comprendemos que, esta hermosa
tradición de cultivar la vid, continúa viva en la
comarca del Priorat, en España. Entre tantas iniciativas,
es digna de mención "Celler Cicilio", una empresa familiar
dedicada a la elaboración de vinos desde 1942. Fue fundada
por Cecilio Vicent, padre del actual propietario, y está
situada en pleno centro de la comarca del Priorat. Sus viñedos
ocupan ocho hectáreas con uvas de garnacha, cabernet
sauvignon y cariñena. Sus cepas están plantadas
en terrazas de pizarra, la cual otorga personalidad y carácter
exclusivo a sus vinos, criados en barricas de roble francés,
y enmarcados dentro de la denominación d' Origen Qualificada
Priorat.
El vino, la uva y la cultura conforman un ámbito de
la vida, de manera que lo regional se conecta con el resto
del mundo. Las ramas con frutos y flores igual que la guirnalda
simbolizan el encadenamiento de todo en el universo. Y si
la uva tiene denota el sacrificio y la fecundidad; el vino
aparece con frecuencia simbolizando la juventud y la vida
eterna. Según Elíade, a la Diosa Madre se le dio
primitivamente el nombre de "Diosa cepa de vid" para representar
la fuente inagotable de creación natural. Gracias a los
monjes dedicados a la oración, y, luego, a los particulares
de la comarca del Priorat, conscientes del valor de tanto
trabajo realizado en silencio, se han logrado la prosperidad
y la unión de elementos naturales, espirituales,
y sobrenaturales.
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