Del juego donde se consiguió el triunfo ante Bolivia,
creo que la mejor definición la dio Juan Arango tras
terminar el encuentro. "Fue un partido loco", soltó el
zurdo venezolano y no hay nada más cierto: ocho goles,
tres veces abajo en el marcador, remontada en los últimos
cinco minutos, termina en el arco boliviano un jugador que
se coloca la camisa del portero retirado por lesión (tal
cual una caimanera de las que jugamos los aficionados), discusión
entre el técnico y los hinchas, y unas declaraciones
finales de Richard Páez que no hablan del triunfo obtenido
sino que recriminan a la que él mismo ha llamado la mejor
afición venezolana.
Regreso a las palabras de Arango y recuerdo que suelen ser
así ese tipo de personas de poco habla y de voz pausada.
Cuando se les escucha decir algo, casi siempre aciertan con
sus palabras. Sencillamente fue loco el partido. Feo, bonito,
triste, alegre, desordenado, eufórico; en fin,
la esquizofrenia hecha fútbol. No obstante, no
por ello deja de ser un triunfo emotivo que coloca a la vinotinto
en buena posición para pensar en lo que se viene en el
2008.
Terminó lo que pudiéramos llamar la primera etapa
de la eliminatoria suramericana al Mundial de Suráfrica
2010; y más allá del nivel de juego, las críticas
al técnico Richard Páez y las acciones de éste
último - de las cuales hablaremos más adelante-,
hay que señalar que la vinotinto, con lo justo, cumplió
el objetivo de ganar los puntos que debía sumar en estas
primeras cuatro fechas. Seis puntos alcanzados, lo mismo
que se había logrado en igual número de juegos de
la eliminatoria pasada, demuestran que el balance de
puntos es positivo.
Viene una larga pausa hasta junio de 2008, cuando se jugará
ante Uruguay, y hay tiempo suficiente para repensar el equipo,
corregir errores, reconciliar a la afición con el técnico
y rescatar una cualidad para el proceso que lidera Richard
Páez; y no es otra que la humildad, tanto para aceptar
los gritos de una afición que vive el fútbol de
una manera particular, con las emociones a flor de piel, como
para reconocer los errores que se cometen y las críticas,
justas o no, que se le puedan hacer desde distintos sectores.
La irreverencia que la deje para el campo de juego y para
sus jugadores. El triunfo ante Bolivia era suficiente como
para silenciar a algunos de sus más duros críticos.
Que siga sumando puntos y que sus resultados digan más
que sus propias palabras. Si es así, seguro te terminarán
dando la razón Richard.
De lo destacable de esta primera etapa de eliminatorias,
pongo en primer lugar la aparición de las noveles figuras
de Luis Manuel Seijas, Roberto Rosales y Alejandro Guerra
como referentes del recambio en la vinotinto, y el posicionamiento
de Daniel Arismendi, quien pide con goles alinear en el ataque
criollo como compañero de Giancarlo Maldonado.
Además, jugando mal o bien, la selección ha demostrado
que tiene temple para venir de atrás y no dar por perdidos
encuentros como el de ayer, en el que se remontó el marcador
en tres oportunidades. La selección que bajaba
los brazos es cosa del pasado.
Y si bien se han conseguido los resultados, está claro
que hay mucho trabajo por delante, porque si bien los resultados
están presentes, no es menos cierto que la imagen que
ha dado la selección hasta ahora no permite dormirse
en los laureles. No tener la presión extra de estar mal
ubicados en la tabla de posiciones es un punto a favor para
trabajar en nuevas ideas que oxigenen una de las zonas donde
más se ha fallado, el mediocampo, el corazón del
equipo, ese espacio donde nacen las jugadas que buscan
el gol. Juan Arango aún no genera el fútbol
esperado en la selección y es muy poco productivo el
vínculo con Ricardo David Páez para crear juego
en ese sector y alimentar de balones a Giancarlo Maldonado. Definitivamente
uno de los principales puntos para trabajar durante
esta larga espera. Seguimos en contacto.