Por su contenido, la política de viviendas vigente ya
debería estar generando resultados de mayor magnitud
en la construcción y adjudicación de nuevas soluciones
habitacionales. La Ley Especial de Protección al Deudor
Hipotecario de Vivienda, más las tasas preferenciales
y los subsidios directos a la demanda, constituyen la base
para implementar un programa capaz de dar respuestas a las
familias que claman por un techo. Sin embargo, el espíritu
de la ley por lo general no se corresponde con la praxis,
y se diluye en la fase de aplicación. Ejemplos palpables
y dramáticos sobre la letra muerta de las leyes, o de
la discrecionalidad en su ejecución, tenemos de sobra,
comenzando por las continuas transgresiones a la Carta Magna.
En materia de viviendas no se advierten señales que demuestren
lo contrario.
El déficit habitacional ha sido y continúa siendo
el más pesado fardo de este gobierno, sin pasar por alto
la incapacidad para detener el avance de la inseguridad y
del desempleo. Son los temas neurálgicos que más
afligen al ciudadano, y los más postergados por una administración
que ha dedicado más tiempo a las campañas electorales,
a la ideologización, y a establecer el piso político
de su proyecto único. En este orden, las necesidades
más sentidas del colectivo se han reproducido y hoy están
fuera de control.
El Régimen Prestacional de Vivienda y Hábitat,
que solo tomó en cuenta a los entes públicos del
sector inmobiliario, no ha estado a la altura de la emergencia.
La centralización de los créditos en el ministerio
del ramo, la pesada burocracia, y la impericia en la tramitación
de los recursos, le están haciendo un flaco favor a los
potenciales adjudicatarios, que después de un verdadero
vía crucis logran el auxilio del subsidio. El dinero
para otorgar este beneficio proviene del Fondo de Aportes
del Sector Público, que es el mecanismo previsto en el
presupuesto para el área habitacional y es administrado
por el Ministerio de la Vivienda.
Los desembolsos no se tramitan oportunamente y este atraso
que se prolonga por dos o tres meses impide que la negociación
del crédito en el banco hipotecario seleccionado por
el comprador se realice. Es tiempo perdido para constructores,
empresas inmobiliarias, propietarios, adquirentes, y también
para la banca. En medio de la angustia y de una espera innecesaria
vencen las opciones de compraventa y se activan las cláusulas
de penalidad por incumplimiento de los lapsos pautados. ¿A
quien está beneficiando entonces el sistema?
Así como el titular del despacho detectó irregularidades
y a más de 300 funcionarios incursos en corrupción
en la entrega de recursos del Programa Ocho y en la atención
a damnificados, debería también estar interesado
en investigar los atascos existentes en la tramitación
de los subsidios, y en darle velocidad al otorgamiento de
este derecho. Porque con el desembolso de 30 subsidios al
mes, número al cual se ha reducido la tramitación
del beneficio, al paso de morrocoy que vamos, ¿cuántos
años se requerirán para lograr algún impacto
en la reducción del déficit habitacional?
Las familias con ingresos de hasta 1,09 millones de bolívares
reciben un subsidio de 24 millones de bolívares y aquellos
que tienen ingresos de hasta 2,06 millones de bolívares,
un auxilio de 20 millones de bolívares. Según cifras
del Banco de la Vivienda unas 117 mil familias han adquirido
sus viviendas con subsidios habitacionales por unos 4,03 billones
de bolívares, desde el 2005, del FAOV y del Fondo de
Aportes del Sector Público (FASP). Las cifras son definitivamente
insuficientes, y si es verdad que hay intención de dar
respuestas a este complejo tema hay que pensar rápidamente
en masificar el subsidio.
Chile, el país pionero en el subsidio a la demanda,
ha tomado tan en serio su política habitacional que lo
otorga por un monto de 11.700 dólares a 8 de cada 10
adquirentes de viviendas, y así ha logrado que 7 de cada
10 chilenos sean propietarios. Es una economía pequeña,
pero organizada y con visión social. Chile y Colombia
dirigen una buena parte de los subsidios hacia la población
rural. En México, además de los subsidios el sistema
financiero flexibiliza esquemas para ofrecer diferentes opciones
de créditos. Ha logrado resolver los 4 grandes procesos
de la vivienda: suelo apto, financiamiento, crecimiento, y
productividad (permisología). La titularización
de la cartera hipotecaria, la creación de un mercado
secundario de hipotecas, el aumento de la gaveta hipotecaria,
y el estímulo al ahorro de las familias, son también
vías para ensanchar las fuentes de financiamiento.
Hay que observar lo que hacen vecinos exitosos y reorientar
el rumbo. Pero el Estado no puede seguir en su empeño
de ser constructor, administrador y adjudicador de viviendas,
y asumir su papel como promotor de políticas e incentivos,
desde la visión de políticas de reordenamiento urbano.
¿De qué serviría disponer del financiamiento,
si no hay suelos dónde construir, ni servicios públicos
adecuados ni viviendas qué ofrecer? El concepto debe
ser integral e incluyente, con la participación de todos
los sectores en capacidad de dar respuestas.
gerardohd@ceinpro.org
Director General del Centro Inmobiliario Profesional (CEINPRO).