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"Los mataron cuando celebraban su mudanza"

Las víctimas habían recibido la noticia de que tendrían casa nueva en Guarenas

En su mecedora, María Núñez espera justicia para los que le quitaron la vida a su nieto (Juan Camacho)
DEIVIS RAMÍREZ MIRANDA |  DIARIO
martes 20 de noviembre de 2007  12:00 AM

DEIVIS RAMÍREZ MIRANDA

ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

"Apenas nos dijeron que nos iban a dar la nueva casa en Guarenas, todos celebramos en familia, pero esos malandros nos quitaron a mi nieto y a su cuñado", expresa María Nuñez, abuela de Enrique García, de 22 años, quien murió el pasado fin de semana, de manos de un grupo de pistoleros que azotaba los sectores de Nueva Tacagua, en Caracas.

A su llegada a la urbanización Bosques de Los Naranjos, en Guarenas, este sábado, Nuñez aún no se aparta de la tristeza que ha significado la muerte de su nieto, quien creció en el barrio y engendró dos hijos, de 6 años y 5 meses.

En el pequeño apartamento que habita, en compañía de otros nietos y bisnietos, "la abuela" como cariñosamente la llaman, espera sentada en una mecedora, por la llegada de sus vecinos de toda la vida.

Cuenta que aquella noche, todos estaban celebrando felices que tenían casa nueva, aunque no sabían la fecha exacta de entrega. Luego de estar tomando durante muchas horas, todo el mundo se encerró en sus viviendas para descansar. Sin embargo, la tranquilidad no duró mucho, cuando un grupo de pistoleros tumbó la puerta del rancho de Enrique y le dispararon en reiteradas ocasiones. Su cuñado, José Bolívar, de 26 años, quien intentó defenderlo, también recibió múltiples impactos y cayó sin vida. Los asesinos huyeron a toda velocidad, mientras que la esposa de Enrique pedía auxilio a gritos para que salvaran a las víctimas.

Desde ese momento, la familia quedó marcada por el crimen. "Mi nieto era bueno, más bien se guardaba temprano en su casa porque allí no se podía andar de noche. Ese muchacho creció en el barrio y todo el mundo lo conocía", dice Nuñez, mientras las lágrimas recorren su rostro y dan fe del amor que le suministraba.

"Una zona candela" Recuerda que la vida en Nueva Tacagua no era confortable. Aunque estaba rodeada de familia y buenos vecinos, la delincuencia imperaba cuando caía la tarde. "Después de las 6 de la tarde, nadie podía estar en la calle porque corría peligro. Y desde que mataron a esos dos muchachos buenos, la cosa se puso peor", dice.

Luego del doble homicidio, el rancho de García, que aún guardaba los recuerdos familiares entre sus cuatro paredes de zinc, fue derribado, ya que se acercaba la hora de partir hacia Guarenas. La viuda se mudó con su madre, para olvidar la desgracia y levantar a sus dos retoños.

Mientras tanto, la policía busca a dos sujetos sindicados de cometer el crimen. Son conocidos como "el Chino" y "el Gocho". Eran considerados azotes de los sectores El Colchón y las torres E y L de Nueva Tacagua.

"Nos diejron que se fueron a vivir a Oriente, porque saben que los están buscando por lo que hicieron con dos inocentes", expresa la abuela, al tiempo que apunta: "Quiero justicia".

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