LAURA DÁVILA TRUELO
EL UNIVERSAL
Cerca de las diez de la noche del martes, el director del
Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas,
Marcos Chávez, escoltó hasta la puerta de la sede
central del Cicpc a dos sujetos que ocho horas antes habían
sido detenidos por funcionarios de ese cuerpo justo cuando
robaban a un motorizado en la esquina de La Pelota, a pocos
pasos de la central del Cicpc.
La liberación ocurrió después de que la víctima
del robo había declarado, y que se confirmó que
Máximo Jonathan Fernández, de 25 años, portaba
en un bolso un revólver 38 marca Taurus con los seriales
desbastados y sin porte de armas, y que su compañero
Harwick Rafael Gutiérrez está solicitado por el
Tribunal 27 de Juicio desde el 20 de junio de 2006.
Aun así ambos hombres quedaron en total libertad, al
parecer tras la intervención de un diputado de la Comisión
de Política Interior de la Asamblea Nacional, y de más
de cinco horas de protestas de un grupo de compañeros
de los detenidos que son invasores de dos edificios de la
avenida Urdaneta.
Protesta y vandalismo
Funcionarios del Cicpc vivieron los hechos y accedieron a
relatar lo ocurrido sin que se revelara su identidad, pues
temen que se les releve de su cargo y tengan que sufrir represalias
por hablar de lo ocurrido.
Todo comenzó pasada la una de la tarde del miércoles.
Un grupo de funcionarios de la división de drogas regresaba
de comer cuando se percataron del robo, y trataron de detener
a los asaltantes. Los dos hombres arremetieron a golpes contra
los efectivos, lo que inició un pelea en la que intervinieron
dos mujeres de los edificios invadidos que agredieron a una
funcionaria. Otros efectivos vieron lo ocurrido y lograron
la aprehensión de los dos sujetos, uno de los cuales
corrió para tratar de ocultar el bolso en el que llevaba
la pistola.
Poco después, un grupo de los invasores se apostó
a las puertas del Cicpc, gritando consignas en las que aplaudían
a los policías que están con el proceso y abucheaban
a los que no. Además exigían que se dejara libres
a sus compañeros.
Pasadas las siete de la noche, funcionarios a bordo de dos
patrullas del Cicpc salían de la central a atender dos
emergencias cuando uno de los vehículos fue atacado con
bates y palos por los manifestantes, además lanzaron
una rolinera contra otra de las patrullas, lo que rompió
el vidrio de la unidad y casi le da a uno de los afectivos.
Tras una conversación con los líderes de la manifestación
las cosas se calmaron, pero más tarde volvieron a arremeter
contra la sede, hasta que a las diez el director del Cicpc
acompañó a los dos sujetos hasta la calle, y así
se calmó el conflicto.
Algunos funcionarios aseguran que la verdadera razón
de la detención de los hombres fue que los sujetos comenzaron
a insultar a los policías cuando estos regresaban de
comer y eso inició la golpiza.
Pero en el final de la protesta el director ordenó que
se abriera una averiguación administrativa contra los
funcionarios que tomaron parte en el conflicto con los invasores
y que practicaron la detención.
Otras fuentes aseguraron que incluso a los liberados se les
devolvió el arma que les había sido decomisada.