ROBERT ANDRÉS GOMEZ
El útlimo verano
Puede que Antonio Banderas no sea el actor más interesante
del panorama español -aunque sí el más internacional-
y un tanto menos de Hollywood. No obstante, el Banderas director,
de a poco, se va revelando como un autor de intereses cinematográficos
y narrativos sólidos, curiosos y apasionantes. Con Crazy
in Alabama dio el pistoletazo a esa inquietud de ponerse
tras la cámara y el resultado bien mereció los aplausos.
Ahora, siete años después de mostrar su ópera
prima; tras ponerle una y otra vez la voz a un peludo gato
digital y tantas cosas más; el Banderas director se aparece
con un segundo largometraje que apunta alto en sus ambiciones
cinematográficas. Un trabajo que si bien podría
ser descrito de ligero y errático es también una
declaración de amor a una ciudad, a una obra literaria,
pero también a una manera de hacer cine.
El camino de los ingleses está basada en la obra
homónima de Antonio Soler, quien además escribió
el guión de la película. Cuenta la historia de un
grupo de amigos, reunido durante un verano a la orilla del
mar. Uno quiere ser poeta, otro locutor, una bailarina, el
otro abogado, hay quien quiere imitar a Bruce Lee y quien
también desea ir a la mili. Son jóvenes, hermosos,
inocentes, apasionados. Todos ellos tienen un sueño,
y en el fondo, todos viven una tragedia.
Miguelito, el poeta, tiene una enfermedad renal que le amenaza
constantemente. Barbirusa, el karateca, guarda un gran resentimiento
familiar por el abandono de su madre; Luli se prostituye para
pagar sus clases de baile y Paco contiene su rabia por el
padre corrupto que les maltrata a él y a su madre.
De la mano de Soler, Banderas pinta un cuadro romántico
que intenta esconder aquello que enturbia la vida de los personajes.
En un interesante mano a mano entre la literatura y el cine,
Banderas consigue llevar a la pantalla una historia que se
deja narrar más entre los silencios que en las palabras
y los diálogos. Con personajes que hacen sin decir un
solo parlamento. Y personajes que marcan el tono sin moverse
un ápice pero entregándose en el texto.
Ha hecho un film que se desliza en la bucólica, pero
necesaria banda sonora de Antonio Melivea y que se nutre de
esos paisajes solarizados que reflejan más los deseos
que exponen los personajes que la ansiedad y frustración
que les agobia.
Lo más interesante, sin embargo, desde el punto de vista
narrativo, es ese espacio y tiempo suspendido que ha conseguido
recrear Banderas. El camino de los ingleses es una
suerte de cápsula, un recuerdo vivo de un momento mágico.
Un eco tangible de un tiempo pasado al que no se quiere renunciar,
estructurado no en un flashback, sino en una narración
circular, más bien elíptica, que revela un punto
de vista novedoso, en evolución.
Notable el trabajo del elenco juvenil que componen Alberto
Amarilla (Miguelito Dávila), María Ruiz (Luli Gigante),
Raúl Arévalo (Babirusa), Félix Gómez (Paco
Frontón) y Fran Perea (el Garganta), quienes se amoldan
a esta cinta, también un tributo de amor del realizador-actor
a su Málaga natal, y un reflejo de sus propias experiencias
juveniles, de sus veranos al sol.