"Postales de Leningrado" es el segundo largometraje de Mariana Rondón
ROBERT ANDRÉS GÓMEZ
El juego del cine
Ocho años separan a Postales de Leningrado (2007)
de A la media noche y media (1999), la ópera prima
de la cineasta venezolana Mariana Rondón. Si en ésta
un juego de niños inspiraba la estructura de un film
de amores desencontrados; en Postales... una historia
de adultos se transforma en un juego de niños.
Con las actuaciones de Leonardo Olivares, Greisy Mena y María
Fernanda Ferro, Rondón se inspira en su propia historia,
en la de su familia, y la enmarca en un tiempo y espacio de
la Historia venezolana.
Los años de la guerrilla se abordan en esta cinta, con
guión de la realizadora, desde una perspectiva infantil.
Una niña narra las peripecias de su familia, las suyas
propias, pero en particular las de su primo Teo. Un chico
al cuidado de sus abuelos, mientras sus padres desandan un
lugar extraordinario: Leningrado. Desde allí llegan postales,
con notas de añoranzas, de querencias, de amor contenido,
que Teo lee y relee con avidez mientras se dedica a la tarea
de crecer.
De a poco, Rondón va mostrando los entretelones de aquello
que está detrás de esas misivas. Una familia fragmentada
por la lucha ideológica. Una madre que espera constantemente
por ver a sus hijos, vivos o muertos, pero verlos al fin;
y unos hijos que temen por aquellos que dejaron en casa. En
voz de la narradora, sin embargo, aquellos guerrilleros se
convierten en superhéroes u hombres rana; y aquella lucha
en una gran aventura.
Mariana Rondón da así relevancia al espíritu
de lo lúdico, mientras de a poco se va difuminando el
contexto. La historia va siendo relegada al segundo plano
y entre nuevos giros de guión se hace un tanto difícil
de seguir. El punto de vista cambia, y con el relato cinematográfico
también se difuminan algunos de los personajes principales.
Pese a estos altibajos, hay en Postales... secuencias
estupendas como aquélla en que la abuela busca una y
otra vez a su hijo entre los cuerpos que es obligada a reconocer;
pero también hay microhistorias que dan en sí mismas
bastante tela para construir una película. Esa que convierte
a María Fernanda Ferro en una "mujer maravilla" al mando
de un comando de estudiantes.
Ferro, quien protagonizara la ópera prima de Rondón,
tiene acá una participación especial, que sin embargo
le alcanza para mostrar que es una de las actrices más
cinematográficas del país.
Haydée Faverola se revela maravillosa en su rol de abuela
cómplice. Mientras, Laureano Olivares va más allá
de sus personajes previos en el cine, con un rol más
luminoso que consigue llevar adelante.
Como recurso narrativo apeló a la animación gráfica,
sin pirotecnia ni estridencia; en todo caso, con un poco de
engolosinamiento. Ello contribuyó a darle forma a ese
apego por lo lúdico que valora la realizadora.
Aunque la fortaleza histórica de su película no
ha conseguido salir con buen pie; en el viaje de Postales...
Rondón ha logrado mostrar un poco más de su
mundo y de su mirada cinematográfica. También ha
dado un paso adelante en la depuración de sus códigos,
dando pistas sobre el cine que la inspira, pero también
sobre el cine que seguirá construyendo.
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