"Catilina, Catilina, hasta cuándo abusáis de nuestra
paciencia". Esta dura frase de Cicerón al referirse a
Lucio Sergio Catilina, el célebre demagogo de su tiempo,
en sus conocidos discursos ante el senado romano, es la única
frase que se me ocurre ante la desmedida ambición de
poder de Hugo Chávez. Definitivamente, nada lo satisface.
Es el presidente de la República que ha concentrado más
poder, con excepción de Juan Vicente Gómez, en toda
nuestra historia. No tiene ningún contrapeso a su voluntad
omnímoda. La división de los poderes y el Estado
de Derecho son realmente entelequias, como también lo
son la libertad de prensa y de opinión. El funcionamiento
de las instituciones y el derecho a la crítica son permitidos
con grandes limitaciones sólo por su conveniencia de
no ser señalado como un tradicional dictador latinoamericano.
No quiere parecerse a Trujillo, a Somoza, a Stroessner,
a Pérez Jiménez, a Videla, a Pinochet. Prefiere
que lo comparen con Perón o con Castro. Lo único
cierto es que el régimen chavista tiene una profunda
tendencia autoritaria, con una cada vez más marcada vocación
totalitaria.
Esa es la verdad. La reforma constitucional presentada por
Hugo Chávez sólo busca fortalecer aún más
su poder desmedido y evitar por todos los medios la alternabilidad
republicana. No queda la menor duda de esta realidad. Aquellos
artículos que no tienen ese objetivo, que en realidad
son beneficios sociales, sólo buscan obtener el apoyo
popular para lograr la aprobación de la reforma. Lo único
divertido de esta tragedia nacional es ver en la televisión
eso que llaman el parlamentarismo de calle, una falacia de
consulta popular que sólo logra ridiculizar la democracia
protagónica y participativa. Para colmo, los parlamentarios
para congraciarse con el caudillo, han planteado reformar
un nuevo grupo de artículos. La explicación de Cilia
Flores no tiene sostén alguno. No se están reformando
artículos conexos con los presentados en la reforma por
Hugo Chávez, Se está redactando una nueva Constitución.
¿Qué tiene que ver la reelección indefinida
del presidente de la República, con la eliminación
del debido proceso y la libertad de expresión durante
los estados de excepción? En definitiva, entre Hugo Chávez
y la Asamblea Nacional, están dando un golpe de Estado
constitucional. ¿Qué piensa la Fuerza Armada Nacional
de este abuso de poder?
Algunos comentaristas de prensa han manifestado que Hugo
Chávez se atemorizó ante la presión de los
militares y aceptó incluir en la reforma constitucional
que "la Fuerza Armada es un cuerpo profesional, no partidista".
Sin lugar a dudas, esta pequeña reforma mejora el artículo
presentado por Hugo Chávez, que de dejarse como está
no sólo vulnera totalmente el sentido profesional de
la Fuerza Armada, sino que pasa a formar parte de la antología
histórica de las ridiculeces realizadas por los jefes
de Estado venezolanos. Comparemos el artículo que define
a la Fuerza Armada Nacional en la Constitución de 1999
con el presentado por Hugo Chávez en la reforma constitucional
para comprender las razones de mi afirmación.
El artículo 328 de la Constitución de 1999 dice:
"La Fuerza Armada constituye una institución esencialmente
profesional, sin militancia política, organizada por
el Estado para garantizar la independencia y soberanía
de la Nación… En el cumplimiento de sus funciones, está
al servicio exclusivo de la Nación y en ningún
caso el de persona o parcialidad política alguna". El
artículo 328 de la Reforma Constitucional define a "La
Fuerza Armada Bolivariana como un cuerpo esencialmente patriótico,
popular y antiimperialista organizado por el Estado para garantizar
la independencia y soberanía de la Nación, preservarla
de cualquier ataque externo o interno y asegurar la integridad
del espacio geográfico, mediante el estudio, planificación
y ejecución de la doctrina militar bolivariana…". En
verdad espero que mis antiguos compañeros de armas logren
que Hugo Chávez acepte reformar totalmente esta redacción.
En caso de no lograrlo, se los aseguro, la carcajada
se va a escuchar, por lo menos, en todas las Fuerzas Armadas
de la América Latina.
Lo inconveniente de todo este absurdo son las consecuencias.
La Fuerza Armada deja de ser una institución básica
del Estado para reducirse a un cuerpo, es decir, a una organización
al servicio de un gobierno determinado. Es verdad que esta
definición constitucional no es el más grave daño
que ha sufrido la Fuerza Armada durante este gobierno: la
organización aprobada por Hugo Chávez la transforma
en una estructura sin peso alguno, controlada por las milicias
populares, que dejará de influir definitivamente en las
grandes decisiones nacionales. En verdad, más que doloroso.
ferochoa@cantv.net