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Caracas, domingo 21 de octubre, 2007  
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Fernando Ochoa Antich // Catilina, Catilina

"Catilina, Catilina, hasta cuándo abusáis de nuestra paciencia". Esta dura frase de Cicerón al referirse a Lucio Sergio Catilina, el célebre demagogo de su tiempo, en sus conocidos discursos ante el senado romano, es la única frase que se me ocurre ante la desmedida ambición de poder de Hugo Chávez. Definitivamente, nada lo satisface. Es el presidente de la República que ha concentrado más poder, con excepción de Juan Vicente Gómez, en toda nuestra historia. No tiene ningún contrapeso a su voluntad omnímoda. La división de los poderes y el Estado de Derecho son realmente entelequias, como también lo son la libertad de prensa y de opinión. El funcionamiento de las instituciones y el derecho a la crítica son permitidos con grandes limitaciones sólo por su conveniencia de no ser señalado como un tradicional dictador latinoamericano.  No quiere parecerse a Trujillo,  a Somoza, a Stroessner, a Pérez Jiménez, a Videla,  a Pinochet. Prefiere que lo comparen con Perón o con  Castro. Lo único cierto es que el régimen chavista tiene una profunda tendencia autoritaria, con una cada vez más marcada vocación totalitaria.

Esa es la verdad. La reforma constitucional presentada por Hugo Chávez sólo busca fortalecer aún más su poder desmedido y evitar por todos los medios la alternabilidad republicana. No queda la menor duda de esta realidad. Aquellos artículos que no tienen ese objetivo, que en realidad son beneficios sociales, sólo buscan obtener el apoyo popular para lograr la aprobación de la reforma. Lo único divertido de esta tragedia nacional es ver en la televisión eso que llaman el parlamentarismo de calle, una falacia de consulta popular que sólo logra ridiculizar la democracia protagónica y participativa. Para colmo, los parlamentarios para congraciarse con el caudillo, han planteado reformar un nuevo grupo de artículos. La explicación de Cilia Flores no tiene sostén alguno. No se están reformando artículos conexos con los presentados en la reforma por Hugo Chávez, Se está redactando una nueva Constitución. ¿Qué tiene que ver la reelección indefinida del presidente de la República, con la eliminación del debido proceso y la libertad de expresión durante los estados de excepción? En definitiva, entre Hugo Chávez y la Asamblea Nacional, están dando un golpe de Estado constitucional. ¿Qué piensa la Fuerza Armada Nacional de este abuso de poder?

Algunos comentaristas de prensa han manifestado que Hugo Chávez se atemorizó ante la presión de los militares y aceptó incluir en la reforma constitucional que "la Fuerza Armada es un cuerpo profesional, no partidista". Sin lugar a dudas, esta pequeña reforma mejora el artículo presentado por Hugo Chávez, que de dejarse como está no sólo vulnera totalmente el sentido profesional de la Fuerza Armada, sino que pasa a formar parte de la antología histórica de las ridiculeces realizadas por los jefes de Estado venezolanos. Comparemos el artículo que define a la Fuerza Armada Nacional en la Constitución de 1999 con el presentado por Hugo Chávez en la reforma constitucional para comprender las razones de mi afirmación. 

El artículo 328 de la Constitución de 1999 dice: "La Fuerza Armada constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación… En el cumplimiento de sus funciones, está al servicio exclusivo de la Nación  y en ningún caso el de persona o parcialidad política alguna". El artículo 328 de la Reforma Constitucional define a "La Fuerza Armada Bolivariana como un cuerpo esencialmente patriótico, popular y antiimperialista organizado por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación, preservarla de cualquier ataque externo o interno y asegurar la integridad del espacio geográfico, mediante el estudio, planificación y ejecución de la doctrina militar bolivariana…". En verdad espero que mis antiguos compañeros de armas logren que Hugo Chávez acepte reformar totalmente esta redacción. En caso de no lograrlo, se los aseguro,  la carcajada se va a escuchar, por lo menos, en todas las Fuerzas Armadas de la América Latina. 

Lo inconveniente de todo este absurdo son las consecuencias. La Fuerza Armada deja de ser una institución básica del Estado para reducirse a un cuerpo, es decir, a una organización al servicio de un gobierno determinado. Es verdad que esta definición constitucional no es el más grave daño que ha sufrido la Fuerza Armada durante este gobierno: la organización aprobada por Hugo Chávez la transforma en una estructura sin peso alguno, controlada por las milicias populares, que dejará de influir definitivamente en las grandes decisiones nacionales. En verdad, más que doloroso.

ferochoa@cantv.net



 
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