Chávez quiere construir -por decreto- el hombre nuevo,
precisamente cuando la humanidad empieza a entender las limitaciones
y las miserias del hombre viejo¿ es decir ¡¡del ser humano
de carne y hueso!! Un querido amigo del curso de los lunes
-comentando la primera sesión- nos dice: "Hay frases
tuyas que por demasiado enfáticas resultan chocantes:
por ejemplo, esa de que el hombre es una miseria, una porquería.
Aunque lo sea, tendrías que agregar que somos también
entes espirituales y dignos; cercanía de Dios, capaz
de la más sublime elevación moral. Intuyo tu interés
en enfatizar la porquería, pero ¿por qué no
eres un poco más equilibrado? ¿Por qué no darle
ilusiones a la gente?".
Por una razón muy simple, hermano ¡¡porque no es el
momento de reforzar las ilusiones que Occidente nos ha inculcado!!
y que condujeron finalmente a la utopía marxista y cheguevarista
del hombre nuevo. Es más bien la época ¡de equilibrar!
nuestra visión de lo humano, recalcando la miseria profunda
que somos. Porque frente a la imagen ilusamente hermosa que
tanto Platón como el cristianismo helenizado -o platonizado-
han sembrado en el alma del hombre, frente a esa perspectiva
optimista que Marta Nussbaum resume en una frase mortal, La
fragilidad del bien; frente a todo ello, hay que enfatizar
con firmeza la miseria humana. Esa que estalló con virulencia
en el siglo XX: en las dos guerras mundiales, el nazifascismo
y los holocaustos de Hitler, Stalin, Mao y Pol Pot. Toda esa
porquería que otra bella mujer, Hannah Arendt, plasmó
en otra frase genial: La banalidad del mal.
Chávez insiste en producir por decreto su hombre nuevo,
cuando Occidente empieza a captar -a 127 años de que
Nietzsche lo planteara- que todos los esquemas con los que
Platón, Aristóteles y el cristianismo helenizado,
intentaron comprender al hombre no eran más que eso,
conceptos abstractos ¡¡representaciones!! que muy poco tienen
que ver con el hombre cotidiano, con la filosofía
existencial que a partir de Heidegger pugna por abrirse paso.
Una visión crítica de las tradiciones que pretenden
pasar por principios y valores. Recetas éticas
con las que intentamos hacerle frente al caudal inefable y
misterioso de la vida, ese que puede llevarnos a tener que
retractarnos de haber firmado, si de ello depende que un hijo
-con un posgrado en el exterior- se desarrolle en toda su
plenitud.
Agradezco los mails que ha suscitado mi artículo
San Cristóbal. En él sostuve que se puede
seguir viviendo -y se puede ser un ente moral- aunque uno
se retracte de haber firmado. Que retractarse no sería
tan sólo una táctica miserable, pero forzosa, si
queremos enfrentarnos a Barreto y al resto de la barbarie
chavista, sino que sería además una manera concreta
de aproximarnos al paradigma que pugna por brotar de la quiebra
profunda de la filosofía helénica y de la civilización
occidental.
Razones, todas estas, por las cuales expuse el lunes en nuestro
curso de Altamira, la necesidad de pensar el Capitalismo
Solidario, no a partir de los generalotes enfoques macroeconómicos,
macropolíticos o macrosociales, sino a partir del crecimiento
espiritual de los seres humanos que pretendemos construir
y participar de una sociedad -¡¡ligeramente!!- nueva. Es decir,
no a partir de la política, la economía y el derecho,
sino de la religiosidad contenida en nosotros. Porque de lo
que se trata es, precisamente, de empezar a repensar esas
3 esferas desde ¡¡la persona y la existencia!!
emeteriog@cantiv.net