Un título largo habría sido "Stiglitz: ¿Capitalismo
Solidario o enfoque antiyanki radicalmente ingenuo -es
decir, chavista de la globalización?". Porque este afamado
Nobel de Economía fluctúa entre esos dos extremos:
por un lado, una visión comprensiblemente ingenua de
la relación entre la economía y la política
y, más aún, entre la economía y la ética;
un estar ajeno al tema central que hoy discute la filosofía
posmoderna: la brutal precariedad del hombre; y, por el otro,
un asomo incipiente a la necesidad de darle al capitalismo
y a la globalización el contenido moral que no tienen.
Y habló de una visión comprensiblemente ingenua,
porque no sólo Stiglitz, sino el conjunto del stablisment
intelectual económico gringo apenas se está asomando
a los complejos problemas que plantea la relación ética-filosofía-economía.
Pero antes de entrar en materia, gracias a Universia
y al Banco de Venezuela, por la oportunidad de dictar esa
breve charla -introductoria a Stiglitz- ¡ante la casi totalidad
de los rectores y vicerrectores de las universidades venezolanas!
Fue una bella experiencia volver a sentir ese humanísimo
miedo escénico que no saboreábamos desde hace 40
años. Gracias a todos y en particular a Ugalde por sus
palabras de aliento.
Reconozcamos primero los méritos de Stiglitz y dejemos
sus carencias para el plato fuerte. Su crítica a la versión
más extrema de la teoría económica liberal
es incontrovertible. Solemos decírselo a algunos amigos
con los que compartimos la defensa radical de la economía
de mercado: ésta no puede fundarse en la creencia ingenua
de que alguna mano invisible regula automáticamente
las acciones de los hombres, garantizando de paso lo absolutamente
ingarantizable: los resultados éticos ¡de un proceso
natural! En Los felices 90, Stiglitz se da un banquete
recalcando cómo la desregulación neoliberal de los
80 condujo a los robos y saqueos que como vulgares rateros
-contra sus propios accionistas y contra la sociedad toda-
cometieron los más altos ejecutivos de Enron, Arthur
Andersen, Worldcom y compañía.
Carencias
Las carencias de Stiglitz se resumen en una: creer que ante
el evidente fracaso del laissez faire y la mano
invisible del mercado en la década de los 30 del
siglo XX; ante la quiebra del Estado, el keynesianismo y el
regulacionismo del mercado en los 70 y, finalmente, ante la
crisis del Neoliberalismo y el desregulacionismo en los 80
y 90; la solución sería encontrar una nueva y milagrosa
fórmula que concilie el Estado y el mercado.
En sus libros Stiglitz asoma tímidamente la única
solución posible a dicha confrontación entre la
economía y la política: ¡sacar el problema de allí!
Superar esa confrontación, de la cual no puede salir
ninguna solución a los problemas más profundos de
la humanidad y la sociedad. Trasladar la discusión y
la reflexión a las dos únicas instancias que pueden
darle sentido a todo: la moral y la religión, la posibilidad
cierta de construir un Capitalismo Solidario. No ¡por Dios!
el Neocomunismo que Chávez ya casi le atribuye a Stiglitz.
No he leído el último libro de nuestro autor, Making
globalization work; ojalá que en él aparezca
ya la inevitable reflexión profunda sobre la moral y
la posmodernidad, sin la cual -o al margen de la cual- pensar
la reconciliación entre el mercado y el Estado es simplemente
perder el tiempo. De todo ello, incluida la versión chavista
de Stiglitz, hablaremos en mi curso de Altamira que empieza
mañana.
emeteriog@cantv.net