Mi hermano Enrique les dirigió, en estos días,
una trascendente carta a los dirigentes y militantes del PPT
y del Partido Comunista de Venezuela, recordándoles sus
comunes luchas sociales y políticas. Digo trascendente,
por ser una crítica a la reforma constitucional proveniente
de un político que mantiene una ideología de izquierda
democrática y que por muchos años sostuvo una posición
militante en oposición de los gobiernos de Acción
Democrática y COPEI. Inicia su argumentación
señalándoles a los destinatarios de la carta que
"lo que está en juego hoy son los valores más esenciales
a cualquier régimen democrático". De inmediato les
resalta cómo "al final de estos procesos en los que tales
valores son vulnerados, las últimas víctimas propiciatorias
suelen ser quienes han sido, cuando caen en desgracia o cuando
se atreven a discutir los designios del poder absoluto constituido,
sus principales propugnadores". Ratifica sus planteamientos
a los dirigentes y militantes del PPT y del PCV recordándoles
la historia de todas las revoluciones: los guillotinados de
la Revolución Francesa y las purgas stalinianas de los
años 30 a los miembros del Comité Central del Partido
Comunista ruso de la época de Lenin. Creo que se le olvidó
las purgas y fusilamientos de Fidel Castro.
En un segundo punto de la carta afirma que los dirigentes
y militantes de estos partidos tienen que entender "que
para quienes somos oposición a este gobierno es legítimo
preguntarnos y preguntarle al pueblo si un gobierno que tuvo
por mandato popular la posibilidad de convocar una Asamblea
Constituyente y, por tanto, redactar una Constitución
enteramente nueva, que tuvo todo el poder y todo el dinero,
tiene derecho a argumentar que esa reforma de apenas 33 artículos
es necesaria para atender las demandas de más libertad,
más democracia, más progreso y más justicia
social para el pueblo. En todo caso no les pedimos que respondan
con nosotros que no es necesario y que bastaría con cumplir
con eficacia los postulados de la Constitución actual
para que aquellas demandas sean satisfechas. Pero lo que sí
les pedimos es que se pregunten si en verdad el contenido
de esta reforma que se propone es coherente o si más
bien contradice los ideales socialistas, o si se quiere de
resguardo y promoción de los derechos humanos, que algunos
de ustedes y muchos de nosotros hemos compartido durante toda
la vida". De inmediato pasa al fondo del problema.
Sus argumentos tienen un hilo conductor: demostrar que la
Reforma Constitucional sólo busca establecer una dictadura
totalitaria sin importarle contradecir los valores esenciales
del socialismo democrático y violar los derechos humanos
de los venezolanos. Mantiene en su argumentación que
la reforma es militarista al atribuirle al presidente de la
República en el artículo 11 la posibilidad de decretar
Regiones Especiales Militares. Esta atribución es una
clara amenaza "de supresión de derechos civiles
y políticos como los derechos de manifestación,
de reuniones públicas, de huelga, de libertad de
expresión". Sostiene que los artículos 16, 156,
236 comprometen uno de los valores fundamentales de la democracia:
el derecho a elegir a sus gobernantes, al atribuirle al presidente
de la República el poder para crear mediante decreto
las Provincias Federales, Ciudades Federales y Distritos Funcionales
y designar sus autoridades. Más adelante señala
que a su criterio es más grave lo que ocurre con
el llamado Poder Popular al afirmar en el artículo 136
que dicho poder "no nace del sufragio ni de elección
alguna, sino de los grupos humanos organizados como base de
la población, para aclarar más adelante en el artículo
156 que "la promoción, organización y registro de
los Consejos del Poder Popular, así como el apoyo técnico
y financiero le corresponde al Poder Público Nacional",
es decir, a Hugo Chávez, quien para colmo desea permanecer
de manera indefinida en el ejercicio de la Presidencia de
la República.
En su análisis demuestra que, desde los tiempos de Gramsci,
la izquierda democrática defiende como valores fundamentales
el consenso social y el pluralismo ideológico frente
a la dictadura del proletariado y la ideología única.
Este es un aspecto fundamental de la crítica a la reforma
constitucional que, en definitiva, trata de imponer como ideología
única el socialismo del siglo XXI. Así queda establecido
en los artículos 70, 158, 168, 112, 184, 300 y 318, contradiciendo
de manera flagrante el artículo 2 de la Constitución
vigente que establece que "Venezuela se constituye en un Estado
democrático y social de Derecho que propugna como valores
superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación
la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad,
la democracia, la responsabilidad social y en general la preeminencia
de los valores humanos, la ética y el pluralismo político".
También critica la visión que sobre la propiedad
privada se plantea en la Reforma Constitucional: argumenta
que "una izquierda moderna debería entender que, en efecto,
la propiedad privada es uno de los derechos humanos consustanciados
a la persona", resaltando que ese derecho queda comprometido
al eliminar el goce, disfrute y disposición y sólo
establecer el uso y el consumo de los bienes privados.
La conclusión que uno llega al terminar de leer la carta
de Enrique a los militantes y dirigentes del PPT y del PCV
es que el socialismo del siglo XXI que desea imponer Hugo
Chávez en Venezuela no tiene nada que ver con las hermosas
experiencias políticas de los socialismos europeos y
chileno, y convencernos que los modelos que quiere copiar
son los totalitarismos soviético, chino y cubano. El
objetivo es claro: garantizar su permanencia vitalicia en
el poder como lo lograron José Stalin, Mao Tse-Tung y
Fidel Castro. Los venezolanos tienen que entender que la Reforma
Constitucional compromete definitivamente el régimen
de libertades políticas en nuestro país. La mejor
demostración de esta verdad es la reforma educativa y
la manera como piensa ser impuesta.
ferochoa@cantv.net