Tal vez fue eso lo que intuyó Miquilena: que
lo más grave no es el robo desmedido que Chávez
avala. O lo que captó Ramón Martínez: que lo
peor no es la recentralización que dejará a gobernadores
y alcaldes como figuras decorativas. O lo que barruntan Ismael
García, Baduel y el propio Maduro: que la verdadera tragedia
no es la concentración irracional de todo el poder en
una sola persona. Tal vez sea eso lo que está
a punto de descubrir José Vicente Rangel, quién
sabe.
En el otro extremo, quizás sea eso lo que no
han descubierto Aristóbulo, Rodrigo Cabezas, Mario Silva
o Jorge Rodríguez: que lo más grave no es revivir
el comunismo y el totalitarismo. Que todo ello pierde peso
ante la verdadera amenaza, ante el "eso" en cursivas
que estamos asomando.
Tal vez sea esto lo que cada chavista por su cuenta
está empezando a descubrir: que lo más grave de
la locura neocomunista no es que va a destruir a Venezuela;
ni es que se trate del marxismo, es decir, de un regreso acelerado
a la barbarie. Nada de ello -con todo lo grave que es- es
lo más grave. ¡¡Lo realmente nefasto es que se trata
de una Utopía absolutamente inviable!! Una ilusión
pueril que no tiene ningún chance de concretarse; que
si lo tuviese ¡aun a cambio de matar al 40% de los venezolanos!,
algún sentido -trágico- tendría. Que no fue
que fracasaron en Rusia, China, Cuba, Vietnam o Nicaragua
porque fuesen brutos o porque no hicieron las cosas de tal
o cual manera, sino porque el Comunismo es sencillamente imposible.
Lo que tal vez Rangel, Vielma Mora, Didalco o Diosdado estén
empezando a intuir es que tienen ocho años al servicio
de una necedad. ¡¡Quizás estén avizorando ese poderoso
dispositivo psíquico que nos lleva a aceptar más
fácilmente el pasar por corruptos que por brutos!!
Tal vez Tascón, Iris Valera, Ameliach o Albornoz estén
empezando a presentir la estupidez radical de Marx al arremeter
contra el capitalismo; esa incomprensión inaudita de
que tanto el valor de cambio, como la escasez relativa -los
dos conceptos claves de la economía de mercado- son apenas
la expresión superficial de un proceso insondable y profundo:
esa condición egoísta, visceral y miserable de lo
humano, esa "manera de ser" nuestra que -en lo económico-
nos hace más imagen y semejanza de las serpientes y las
bestias que de Dios.
Esa misma condición que en lo político nos
lleva hacia la guerra y no hacia la paz. O, más exactamente,
que nos hace ver a la paz como el break necesario para
preparar la próxima guerra.
Quizás los chavistas -dadas sus particulares inteligencias-
estén descubriendo cada uno su dosis personal de utopía.
Quizás Miquilena se equivoque al decir que Chávez
"nunca fue de izquierda y que no tiene la menor idea de lo
que su Socialismo es". Él fue y es de izquierda e intuye
su propio Proyecto: ¡¡la doctrina de Marx!! Una ideología
que no pasó de ser eso: un redencionismo ingenuo incapaz
de entender que el Ser Humano, al menos este patán que
conocemos, no da para ningún hombre nuevo. Que
tal vez tengamos que mejorar moralmente antes de pensar siquiera
en una sociedad mejor.
A cuyo respecto cabe precisar que por la misma época
que Marx escribió su utopía, su redencionismo iluso,
Nietzsche -ese sí, un verdadero pensador- postulaba la
antítesis y la otra cara de su propio Superhombre,
la idea del Último Hombre: el pobre diablo que
somos, que sólo piensa en la venganza, el egoísmo,
el sexo, la mezquindad, la envidia y la porquería espiritual.
emeteriog@cantv.net