REYES THEIS
EL UNIVERSAL
La muerte ronda en la Guajira. Un grupo paramilitar conocido
como las Águilas Negras ha sustituido a las desmovilizadas
Autodefensas Unidas de Colombia en la siembra del terror en
la zona. Hoy el triste saldo es de 200 muertos de la etnia
wayú -la mayoría ocurridos en los últimos cinco
años- y un número importante de indígenas que
se han mudado de su territorio, denuncia la organización
Fuerzas de Mujeres Wayú.
Esta tragedia que viven los indígenas, para quienes
no existen las fronteras, es similar a la que atraviesan 3
millones de colombianos que han abandonado su residencia para
huir del conflicto y de 550 mil que han salido de su país.
200 mil de ellos con destino a Venezuela, de acuerdo con las
cifras del representante regional del alto comisionado de
las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) John Fredrikson.
El funcionario señala que incluso la cifra de colombianos
que han optado por Venezuela para guarecerse podría ser
aun mayor, pues la mayoría no se registra para solicitar
le sea concedido el estatus de refugiado.
El sufrimiento de huir
Sobre el estado de la persona que abandona Colombia por la
guerra, Fredrikson comenta: "A nivel personal estamos hablando
de gente que tiene mucho sufrimiento, que ha sido atacada.
Invariablemente a algún miembro de la familia lo han
matado o desaparecido y ha tenido que dejarlo todo", señala.
Como en todas las guerras, los que nada tienen que ver en
ella son los más perjudicados. "El que sufre más
es el ciudadano civil, porque el que está en un bando
de la guerra tiene sus propios sistemas de apoyo, pero es
la persona civil a quien se acusa de estar tomando parte de
un lado u otro del conflicto y tiene que huir", asegura el
representante de Acnur.
Pero la situación se hace más dramática en
el caso de los indígenas. "Para un campesino ser desplazado
significa quizás perder el estatus económico, una
casa, su trabajo, pero para una persona indígena la tierra
tiene un valor sacrosanto, que tiene que ver con la relación
entre el cielo, la tierra y el ser humano que vive con su
familia.He escuchado a líderes de etnias que me han dicho:
si usted me desplaza a mí yo me muero, no porque me peguen
un tiro, sino porque me quita mi esencia espiritual", narra
Fredrikson.
Falta apoyo
Paradójicamente, a pesar del gran interés manifestado
por el Gobierno venezolano para contribuir al proceso de paz
en Colombia, las cifras no indican la prioridad que se le
está asignando al tema de la atención a los refugiados
provenientes de esa nación.
El representante de Acnur señala que para junio de este
año han solicitado refugio en forma oficial 8.801 personas,
casi todos colombianos, pero el Estado venezolano tan sólo
ha reconocido el estatus de 852.
El que les sea otorgado dicha condición es vital, porque
solamente así podrán optar al documento de identidad
venezolano y el Estado se comprometerá a no devolverlos
a Colombia.
Fredrikson señala que el órgano estatal involucrado
-la Comisión Nacional de Refugiados- "no tiene suficientes
recursos ni personal para atender aun a las pocas solicitudes
que están llegando, imagínense si comienzan a llegar
en gran número". Añade que esta falta de agilidad
en el trámite podría desestimular al resto de quienes
huyen del conflicto colombiano, a que regularicen su situación.
No obstante, destaca que el proceso en Venezuela es "bastante
nuevo", ya que "la Comisión Nacional para Refugiados
comienza a trabajar en el año 2003 y las secretarías
técnicas en 2006, así que hay que tenerle paciencia".
Se´gún el funcionario, a Venezuela todos los días
arriban pequeños grupos de colombianos, a veces familias
enteras, que traen apenas la vida como único bien. Ellos
claman por la atención rápida de un país al
que llaman "hermano".