José Gerardo Guarisma Álvarez // El origen de la escuela
La escuela como institución surge como consecuencia
de la alfabetización. "El desarrollo de las escuelas
como lugares alejados de los procesos productivos primarios
de la sociedad está estrechamente conectado con el desarrollo
de la escritura" (Bosco, 1995, pág. 31). Las primeras
escuelas conocidas datan de 2.000 años a. de C., en Sumeria.
Su objetivo era enseñar la escritura cuneiforme a una
clase social privilegiada, a unos "especialistas": los escribas.
Un uso político-económico del lenguaje escrito que
también puede hallarse en China o Egipto. En las culturas
orales, el aprendizaje era fruto de la experiencia en las
actividades de la vida cotidiana. La aparición de la
escritura impone la descontextualización o disociación
entre las actividades de enseñanza/aprendizaje y las
actividades de la vida diaria. Aprender a leer y escribir
requería el uso de medios extraordinarios: no era ya
posible hacerlo mediante la observación y la repetición
de los actos de los adultos, muchas veces en forma de juego,
que eran la forma natural de socialización. La palabra,
escrita y hablada, tomaba el relevo de la experiencia directa
con las cosas. Así, estaban a la orden del día las
variables que determinaron el advenimiento de las ciudades,
las urbes iniciales como Ur, Jericó, entre otras, en
las cuales la necesidad de racionalizar el uso de los recursos
hizo necesario la creación de códigos o "libros
de deberes" en los cuales se perfilaba el comportamiento del
habitante del paisaje urbano. Ahora, no sólo era necesario
transferir al párvulo el conocimiento generado en el
hogar, era tambien necesario prepararlo para el conocimiento
que "aplicaría" en interacción con los terceros
que compartían el espacio de la "Polis". Así nacieron
los grupos de discusión, enseñanza y aprendizaje,
"las peñas del saber", en donde la simple conversación
no estructurada conducía a la manipulación primaria
de los saberes necesarios por esa incipiente "sociedad".
En la civilización occidental contamos con el momento
en el cual, la "peña" del saber se constituyó en
"academia". Tal evento ocurrió en la antigua Grecia,
cuando Platón le dio ese nombre a la reunión en
la cual se impartía conocimientos de matemática,
filosofía, medicina, derecho y letras. Aunque hoy en
día la veamos como una institución rudimentaria,
nos preguntaríamos ¿cuántas universidades hoy
en día pudieran abordar los diálogos socráticos,
y las leyes de Dracón y Solón, como lo hacía
la célebre Escuela de Atenas?
El fenómeno de la escolaridad en la sociedad no se circunscribía,
en forma alguna, a la geografía histórica de occidente;
simultáneamente, la sabiduría de Confucio, Buda
y Lao Tsé se abrían paso en China y La India y el
sureste asiático, generando el surgimiento de los monasterios,
donde los frailes observaban una vida contemplativa en la
cual se transferían el conocimiento grabado por los escribas
en los textos manuscritos en papiros y pergaminos de antigua
data, y en donde de igual forma y utilizando tecnologías
artesanales , resguardaban el conocimiento para las futuras
generaciones.
Desde luego, al crearse la Polis, la institución del
Estado para administrar la competencia pública, la función
de la educación también se institucionalizó
como la administración de justicia, el ejercicio del
comercio y la salubridad en la sociedad. En la medida en que
crecía el conocimiento del entorno natural y social (que
hemos conceptuado como educación cósmica), también
se hizo evidente la necesidad de institucionalizar a la escuela
socializándola, vale decir, colocándolo fuera del
exclusivo dominio del entorno familiar, donde estaba limitada
a los saberes de la familia, para tomar un marco de referencia
mucho más amplio al ocuparse de la transmisión de
conocimientos e instrucción de los oficios requeridos
por la sociedad en general. En la medida en que se hacía
necesario la generación de nuevas ideas, conceptos y
procedimientos para abordar la realidad cambiante, entonces
se hizo necesario investigar las fuentes de información
y documentación que se tenían disponibles hasta
el momento; de suerte que, se comenzaron a reunir los libros
que contenían las claves del entendimiento del mundo
natural, físico y humano que se tenía y se "democratizó"
la lectura, a través de la creación de bibliotecas.
La más famosa de la antigüedad, la Biblioteca de
Alejandría, con sus más de 100.000 volúmenes,
comenzaron a irradiar su luz de conocimiento a todo el mundo
conocido en ese entonces, cuando la cultura griega entró
en contacto a través de los macedonios con las milenarias
y antiquísimas culturas orientales, en lo que podríamos
señalar como el comienzo de la globalización de
la gran cultura humana.
Así, Europa Occidental comenzó a ser registrada
en el avance de sus saberes por el Medio Oriente y el mundo
arábigo, creándose una especie de archivo histórico
del pensamiento occidental que tenía como discurso integrador,
la obra de Aristóteles, maestro de Alejandro Magno, el
actor político y militar cuya acción desencadenó
esa difusión de valores y conocimientos nuevos a los
asentamientos humanos más antiguos del planeta.
De esa manera, la fina y elegante dialéctica socrática
entró en maravilloso contacto con los saberes de la India,
de los árabes y de los chinos y demás pueblos populosos
de Asia, en una experiencia única, que hizo crecer a
esas sociedades disgregados del este de Europa que comenzaron
a integrarse bajo una visión de Estado ecuménica,
la cual permitía esa especie de esfuerzo colosal que
significó el sincretismo de las creencias, de las artes,
de las culturas en general. Así, se preparó el terreno
para el florecimiento de una corriente institucional que abordara
todos los campos del saber alrededor de un concepto ciudadano
del hombre y del espacio. Nos referimos, por supuesto, a Roma,
donde se crea la visión del Derecho Republicano para
constituir el Estado. Allí, entonces, la educación
se estructura en una cadena de saberes que engranan y se conectan
con el modelo o perfil de sociedad que se busca de acuerdo
a un ideal de convivencia práctica y efectiva. La escuela,
el liceo y la academia, generan una actividad prolija en discusión
de ideas y ejercicio del arte; siendo el foro, en cierto sentido
el equivalente al ágora o plaza griega, el espacio ciudadano
por excelencia, donde crece y se desarrolla la opinión
pública como escenario del acuerdo social. Podríamos
señalar, en gran medida, que este es el momento de mayor
esplendor de la escuela peripatética, la iniciada en
los tiempos presocráticos,aquella que escenificaba el
aprendizaje tomado de la abierta observación de la naturaleza
a través de paseos al aire libre, donde maestros y discípulos
compartían un Estado dinámico de pensamiento compartido
caracterizado "por el tránsito" de las ideas hasta llegar
a la formulación de postulados de pensamiento y acción
que surgían como verdades actualizadas, hoy diríamos
certezas, hasta el advenimiento de las leyes que estatuían
su correcta interpretación. La educación en este
entonces, era portada por los maestros, "los sabios", especie
de ciudadanos muy cultos y con propensión marcada a la
conversación didáctica, los cuales efectuaban sesiones
de discusión e interpretación de los saberes aplicados,
teóricos y espirituales que en suma correspondían
al "pensum" prediseñado para la formación de los
diversos roles ciudadanos a realizar por ellos, dentro del
espacio convenido o aceptado para el ejercicio de los distintos
roles o "profesiones" requeridas por la sociedad.
Rector de la Universidad Bicentenaria de Aragua
josegerardoguarismaalvarez@gmail.com
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