Mapa del sitio
Daily News
Búsqueda avanzada
ClasificadosUsuariosAnunciantes
Caracas, domingo 02 de septiembre, 2007  
[an error occurred while processing this directive]
Principal > Opinión > Noticias
Hoy Esta Semana Nuestras Firmas
 
Imprimir Enviar por correo  |  Disminuye letraAumenta letra
 
Fernando Ochoa Antich // Fin del profesionalismo militar

Hugo Chávez nunca ha confiado en la lealtad de la Fuerza Armada al proceso revolucionario. Su experiencia conspirativa y los hechos militares que condujeron a su renuncia de la Presidencia de la República el 11 de abril de 2002 lo mantienen permanentemente angustiado. El conoce a la perfección que las crisis políticas  inquietan los cuadros militares. Así ha ocurrido siempre en Venezuela. Esta realidad histórica lo ha conducido a fortalecer los sistemas de inteligencia. Es imposible negar que ha logrado mejorar su eficiencia de una manera importante, superando claramente en ese campo a los anteriores regímenes militares y a la democracia representativa. El compromiso ideológico de algunos miembros de la institución armada con el chavismo y la ruptura del compañerismo militar han sido factores fundamentales en el control interno, en estos últimos años, de la Fuerza Armada.

 De todas maneras, Hugo Chávez no duerme tranquilo. Está convencido que mientras la Fuerza Armada conserve los valores fundamentales del profesionalismo militar existe algún riesgo para  la estabilidad de su gobierno. Los ejércitos profesionales nunca han servido de base de poder de regímenes personales y autoritarios. Eso lo comprendió Juan Vicente Gómez, cuando la Academia Militar y los oficiales jóvenes de ese tiempo se insurreccionaron el 7 de abril de 1928 al lado de los estudiantes de la Universidad Central de Venezuela.  Su reacción inmediata fue cerrar por varios años la Academia Militar, interrumpiendo el proceso de profesionalización de las Fuerzas Armadas iniciado con su fundación en 1908. Al ser designado ministro de la Defensa el general Eleazar López Contreras, convenció al dictador de permitir, de nuevo, el funcionamiento de la Academia Militar.

A partir de ese momento, el proceso de profesionalización e institucionalización de las Fuerzas Armadas no se ha detenido durante más de setenta años. Sorprendentemente, Hugo Chávez en su afán de poder absoluto ha decidido destruir, como lo hizo Juan Vicente Gómez, el sentido profesional e institucional de la Fuerza Armada. Los artículos que se refieren a la Fuerza Armada Nacional en la reforma constitucional destruyen de manera definitiva esos valores. El artículo 328 de la Constitución de 1999, dice claramente que "la Fuerza Armada constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y la soberanía de la Nación…". La reforma constitucional  presentada por Hugo Chávez establece en su artículo 328 que la "Fuerza Armada Bolivariana constituye un cuerpo esencialmente patriótico, popular y antiimperialista, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación…".

El colmo de los colmos, es que sin justificación alguna deja a un lado en la reforma constitucional  dos elementos esenciales del sentido institucional de las Fuerzas Armadas: su apoliticismo y su servicio exclusivo a la Nación.  En la reforma ni siquiera se refiere a esa primera condición, que es  fundamental para garantizar el sentido pluralista de la democracia venezolana. Al contrario, de una manera absurda sostiene que la Fuerza Armada estará "al servicio del pueblo venezolano en defensa de sus sagrados intereses y en ningún caso al de oligarquía alguna o poder imperial extranjero". Cree equivocadamente que ese párrafo puede reemplazar la parte del artículo 328 de la Constitución de 1999 que dice: "En el cumplimiento de sus funciones, está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna". En verdad, un verdadero absurdo.

Mis compañeros de armas deben reflexionar serenamente sobre las delicadas consecuencias que la reforma constitucional va a tener en su estabilidad profesional como miembros de la Fuerza Armada. No puede ser lo mismo pertenecer a un cuerpo que ser parte de una institución que está al servicio de la Nación. De igual manera, es diferente pertenecer a una institución apolítica, al servicio de todos los venezolanos, que a una Fuerza Armada que  es enemiga de un sector de nuestros compatriotas, la mal llamada oligarquía, que según entiendo en ese lenguaje confuso que utiliza Hugo Chávez, son aquellos venezolanos que tienen bienes de fortuna. En conclusión, la bendita reforma constitucional no es sólo, como dije en mi anterior artículo, un golpe de Estado en contra del régimen constitucional, sino que puede conducirnos trágicamente a una guerra civil.

ferochoa@cantv.net



 
Más artículos de esta firma
 
Imprimir Enviar por correo  |  Disminuye letraAumenta letra
 
Contáctenos | Política de privacidad | Términos legales | Condiciones de uso
Búsqueda avanzada
Copyright @ Diario El Universal C.A. 2007