Hugo Chávez nunca ha confiado en la lealtad de la Fuerza
Armada al proceso revolucionario. Su experiencia conspirativa
y los hechos militares que condujeron a su renuncia de la
Presidencia de la República el 11 de abril de 2002 lo
mantienen permanentemente angustiado. El conoce a la perfección
que las crisis políticas inquietan los cuadros
militares. Así ha ocurrido siempre en Venezuela. Esta
realidad histórica lo ha conducido a fortalecer los sistemas
de inteligencia. Es imposible negar que ha logrado mejorar
su eficiencia de una manera importante, superando claramente
en ese campo a los anteriores regímenes militares y a
la democracia representativa. El compromiso ideológico
de algunos miembros de la institución armada con el chavismo
y la ruptura del compañerismo militar han sido factores
fundamentales en el control interno, en estos últimos
años, de la Fuerza Armada.
De todas maneras, Hugo Chávez no duerme tranquilo.
Está convencido que mientras la Fuerza Armada conserve
los valores fundamentales del profesionalismo militar existe
algún riesgo para la estabilidad de su gobierno.
Los ejércitos profesionales nunca han servido de base
de poder de regímenes personales y autoritarios. Eso
lo comprendió Juan Vicente Gómez, cuando la Academia
Militar y los oficiales jóvenes de ese tiempo se insurreccionaron
el 7 de abril de 1928 al lado de los estudiantes de la Universidad
Central de Venezuela. Su reacción inmediata fue
cerrar por varios años la Academia Militar, interrumpiendo
el proceso de profesionalización de las Fuerzas Armadas
iniciado con su fundación en 1908. Al ser designado ministro
de la Defensa el general Eleazar López Contreras, convenció
al dictador de permitir, de nuevo, el funcionamiento de la
Academia Militar.
A partir de ese momento, el proceso de profesionalización
e institucionalización de las Fuerzas Armadas no se ha
detenido durante más de setenta años. Sorprendentemente,
Hugo Chávez en su afán de poder absoluto ha decidido
destruir, como lo hizo Juan Vicente Gómez, el sentido
profesional e institucional de la Fuerza Armada. Los artículos
que se refieren a la Fuerza Armada Nacional en la reforma
constitucional destruyen de manera definitiva esos valores.
El artículo 328 de la Constitución de 1999, dice
claramente que "la Fuerza Armada constituye una institución
esencialmente profesional, sin militancia política, organizada
por el Estado para garantizar la independencia y la soberanía
de la Nación…". La reforma constitucional presentada
por Hugo Chávez establece en su artículo 328 que
la "Fuerza Armada Bolivariana constituye un cuerpo esencialmente
patriótico, popular y antiimperialista, organizada por
el Estado para garantizar la independencia y soberanía
de la Nación…".
El colmo de los colmos, es que sin justificación alguna
deja a un lado en la reforma constitucional dos elementos
esenciales del sentido institucional de las Fuerzas Armadas:
su apoliticismo y su servicio exclusivo a la Nación.
En la reforma ni siquiera se refiere a esa primera condición,
que es fundamental para garantizar el sentido pluralista
de la democracia venezolana. Al contrario, de una manera absurda
sostiene que la Fuerza Armada estará "al servicio del
pueblo venezolano en defensa de sus sagrados intereses y en
ningún caso al de oligarquía alguna o poder imperial
extranjero". Cree equivocadamente que ese párrafo puede
reemplazar la parte del artículo 328 de la Constitución
de 1999 que dice: "En el cumplimiento de sus funciones, está
al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso
al de persona o parcialidad política alguna". En verdad,
un verdadero absurdo.
Mis compañeros de armas deben reflexionar serenamente
sobre las delicadas consecuencias que la reforma constitucional
va a tener en su estabilidad profesional como miembros de
la Fuerza Armada. No puede ser lo mismo pertenecer a un cuerpo
que ser parte de una institución que está al servicio
de la Nación. De igual manera, es diferente pertenecer
a una institución apolítica, al servicio de todos
los venezolanos, que a una Fuerza Armada que es enemiga
de un sector de nuestros compatriotas, la mal llamada oligarquía,
que según entiendo en ese lenguaje confuso que utiliza
Hugo Chávez, son aquellos venezolanos que tienen bienes
de fortuna. En conclusión, la bendita reforma constitucional
no es sólo, como dije en mi anterior artículo, un
golpe de Estado en contra del régimen constitucional,
sino que puede conducirnos trágicamente a una guerra
civil.
ferochoa@cantv.net