La primera discusión sobre el proyecto de Reforma Constitucional,
presentado por Hugo Chávez, realizada en la Asamblea
Nacional, me causó una dolorosa impresión. Ver en
el siglo XXI, después de cuarenta años de democracia,
repetir el vergonzoso papel de los diputados de los congresos
de Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez
me ratificó la crisis moral que vive Venezuela. Las manos
alzadas, la aprobación por unanimidad sin mayor discusión
de la Reforma Constitucional, las loas al "líder
máximo de la revolución", los interminables aplausos
fueron signos de indiscutible decadencia política. La
actuación de la diputada Cilia Flores, al ordenar al
Consejo Nacional Electoral preparar el Referendo Aprobatorio
de la Reforma Constitucional, sin ni siquiera haberla aprobada
y su decisión de que el proyecto se vote en bloque ratifica
la ilegitimidad de la Asamblea Nacional y su total subordinación
a la voluntad de Hugo Chávez.
Para colmo, el tan cacareado parlamentarismo de calle fracasó
estruendosamente en la reunión realizada en el Teatro
Teresa Carreño. La presencia de Willliam Ojeda y su valiente
actuación demostró que esas reuniones son exclusivamente
de simpatizantes del régimen, con oradores escogidos
previamente. Es verdad que Hugo Chávez nos tiene acostumbrado
a imponer sus ideas, sin importarle la manera de pensar de
los amplios sectores sociales que no respaldan su proyecto
político. Así lo hizo en la escogencia de la Asamblea
Nacional Constituyente de 1999. El método electoral impidió
que existiera una justa representación de las minorías,
perdiéndose de esta manera la posibilidad de lograr un
necesario y suficiente consenso político para la aprobación
de la actual Constitución Nacional. Esa fue una de las
causas del estallido popular del 11 de abril de 2002, de la
renuncia de Hugo Chávez y del intento de golpe de Estado.
El proyecto de Reforma Constitucional es absolutamente injustificado.
La Constitución de 1999 sólo tiene ocho años
de haber sido aprobada, y no ha desarrollado todavía
las correspondientes leyes orgánicas requeridas para
su aplicación. Los objetivos de esta reforma son
claros: establecer la reelección indefinida del presidente
de la República, concentrar el máximo poder en el
Ejecutivo Nacional e imponer a troche y moche un nuevo sistema
económico y social. Las importantes transformaciones
que se proponen sobrepasan el sentido de lo que es una Reforma
Constitucional. El artículo 342 de la Constitución
vigente establece que una reforma no debe "modificar su estructura
y principios fundamentales". Hugo Chávez el domingo pasado
quiso defenderse de la acusación de fraude constitucional
que han hecho distintos juristas, aduciendo que la reforma
no modifica ninguno de estos aspectos. Eso es totalmente
falso.
El artículo 2 de la Constitución vigente
establece "que Venezuela es un Estado democrático y social
de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores
de su ordenamiento jurídico y de su actuación,
la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad,
la democracia, la responsabilidad social y en general la preeminencia
de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político".
En distintos artículos de la reforma se establece que
el Estado será socialista. Así lo dicen, por ejemplo,
los artículos 16 y 112 al afirmar que: "las comunas…
constituirán el núcleo espacial básico e indivisible
del Estado socialista venezolano"; "…asimismo fomentará
y desarrollará distintas formas de empresas y unidades
económicas de propiedad social… creando las mejores condiciones
para la construcción colectiva y cooperativa de una economía
socialista". Al hacerlo se modifica la definición planteada
en el artículo 2: no es lo mismo un Estado democrático
y social de Derecho y de Justicia que un Estado socialista.
También se vulnera el concepto de pluralismo político.
Este problema es de fondo. El fraude constitucional planteado
por Hugo Chávez irrumpe el Estado de Derecho y crea condiciones
de ilegitimidad e ilegalidad en el ejercicio del poder que
puede justificar la aplicación por cualquier ciudadano
del artículo 350 de la constitución vigente que
dice: "El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana,
a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá
cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe
los valores, principios y garantías democráticas
y menoscabe los derechos humanos". El abuso de poder provoca
la violencia. No es suficiente para evitar una crisis política
amenazar a los venezolanos, como lo hace Hugo Chávez,
con la ya fantasiosa frase: "la revolución es pacífica,
pero armada". Justamente, esas armas fueron las que lo derrocaron
el 11 de abril de 2002 y lo impusieron, de nuevo, en el poder
al día siguiente. Repetir errores en política es
un pecado mortal. A veces, los resultados pueden ser
diferentes.
ferochoa@cantv.net