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Caracas, domingo 12 de agosto, 2007  
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Fernando Ochoa Antich // La defensa nacional

El concepto de Defensa Nacional ha evolucionado de un criterio específicamente militar a una visión tan amplia que envuelve la totalidad de la sociedad. La necesidad que tiene el Estado de garantizar la seguridad de la Nación, como consecuencia del surgimiento de amenazas creíbles que ponen en riesgo la soberanía nacional y la vida de los ciudadanos, ha ido progresivamente comprometiendo las libertades individuales y el funcionamiento de los regímenes democráticos, al tener que incrementarse un exagerado control sobre la sociedad. Un buen ejemplo es Estados Unidos. La posibilidad cierta de un atentado terrorista ha conducido a incrementar la presencia de los organismos policiales y ampliar sus atribuciones. Como es natural, las arbitrariedades de los funcionarios ocurren todos los días. Esta realidad obliga a revisar los necesarios equilibrios entre los poderes públicos y el papel que deben jugar las organizaciones militares y policiales, aun en países de gran tradición democrática. Es un debate necesario.

En el caso de Venezuela, la situación es mucho más grave. Una de las tesis fundamentales del régimen chavista es la alianza cívico-militar. Esta se expresa, en la práctica, con la presencia en altas funciones públicas de un número no fácil de determinar de miembros activos y retirados de la Fuerza Armada y, en teoría, en  el compromiso militante de sus miembros con los objetivos de la revolución bolivariana. Esa es la razón por la cual el general Raúl Baduel, ex ministro de la Defensa, se sintió en el derecho de criticar públicamente algunos aspectos de la orientación filosófica del proceso revolucionario, aunque sin rubor se declaró marxista-leninista. Es verdad que Baduel fue parte de la conspiración militar que fracasó el 4 de febrero de 1992, pero es imposible imaginarse que sus observaciones al socialismo real surgieron en su mente en el momento de redactar el discurso, sin que haya existido con anterioridad un amplio debate dentro de los cuadros militares. No estoy seguro que el debate interno se haya limitado a analizar el colapso histórico de los socialismos reales, sin considerar otros aspectos, tales como la permanencia de Fidel Castro en el poder por casi cincuenta años, la tragedia del pueblo cubano y el fracaso de la ideología socialista.

La alianza cívico-militar tiene otra consecuencia que deben conocer las Fuerzas Armadas: sus miembros en actividad son responsables de los aciertos y desaciertos del régimen chavista. Esto ocurre, estén o no de acuerdo con la actuación de Hugo Chávez ni con el socialismo del siglo XXI. Me imagino que esta realidad debe producir alguna angustia  en la mente de muchos miembros activos de las Fuerzas Armadas. Además, deben saber que el problema no sólo se limita a la orientación filosófica del régimen, hecho de por sí sumamente grave, ya que repetir un modelo históricamente fracasado es un absurdo, sino a las delicadas predicciones que muchos economistas han hecho del futuro nacional. Con sólo analizar el balance de la deuda pública, 76.000 millones de dólares, uno tiene  que darles la razón.

Me imagino que muchos de mis antiguos compañeros de armas deben estar más que preocupados por el azaroso futuro de PDVSA. Es un aspecto fundamental de la Seguridad Nacional. En estos días leí un inteligente artículo de Maruja Tarre, publicado en El Universal. Su título, Semejanzas, me puso a temblar. Recordó los grandes desaciertos que tuvo el general Suharto en la conducción de Indonesia. Llegó al poder después de un golpe de Estado, prometiendo acabar con la corrupción y el nepotismo. Hizo todo lo contrario. Entre sus grandes desaciertos fue transformar la empresa petrolera, Pertamina, en un "verdadero monstruo, antro plagado de corrupción que extendía sus tentáculos en todos los ámbitos económicos y sociales del país". Suharto gobernó, de manera continua, treinta años. Arruinó a Indonesia y destruyó a su industria petrolera. Terminó su gobierno en medio de un estallido popular, provocado por una inmensa crisis económica. PDVSA y Pertamina cada día se parecen más. La ineficiencia y la corrupción están por todas partes: analicen las denuncias de un sacerdote honesto como es José Palmar y el escándalo de los 800.000 dólares.

Un interesante ejercicio que les recomiendo a los miembros de las Fuerzas Armadas, preocupados por el destino de Venezuela, es estudiar, desprovisto de cualquier pasión política, las estadísticas que de manera objetiva presenta la OPEP  mensualmente. Navegar por Internet es un buen instrumento para conocer muchas verdades. El caso es que PDVSA sostiene que la producción petrolera venezolana es superior a tres millones de barriles diarios. La OPEP, por el contrario,  mantiene que en junio de este año la producción venezolana sólo alcanzó a 2.365.000 barriles diarios. La certeza de esta cifra la ratifica la Agencia Internacional de Energía, afirmando, además,  que Venezuela sólo puede incrementar su producción, haciendo el máximo esfuerzo, en 230.000 barriles diarios. Una verdadera tragedia. El único responsable de tantos desaciertos es Hugo Chávez. Provocó la huelga petrolera, al violentar los principios de funcionamiento de PDVSA. Después, despidió a veinte mil expertos petroleros. Las consecuencias están a la vista.

ferochoa@cantv.net



 
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