Publicado por el vicerrectorado académico de la ULA,
es el último libro de Alberto Rosales, sin duda uno de
los valores fundamentales de la filosofía en Venezuela
y nuestro profesor de Kant, Husserl y Heidegger por muchos
años en la Universidad Simón Bolívar. Vaya
para él mi agradecimiento eterno por lo mucho que le
debo. Porque buena parte de lo que soy se constituyó
estudiando bajo su orientación. Desde aquel primer curso
sobre la Piedad en Platón, cuando apenas teníamos
30 años.
El reencuentro con Rosales -luego de una década sin
vernos- nos refuerza la necesidad de profundizar en la comprensión
de Heidegger, sin duda el más grande pensador del siglo
XX. El libro que reseñamos es de hecho, para Alberto,
un ajuste de cuentas con el gran filósofo alemán,
y es mi modesta intención "colearme" respetuosamente
en esa confrontación.
Ese reencuentro se produce también en medio de mi eterno
problema: en nuestro afán de divulgar la ética y
ante la necesidad imperiosa de conectar ese tema con la lucha
política y con la barbarie chavista, cada vez es más
frecuente la queja de los que asisten a nuestros talleres
y nos leen los domingos: trata de bajar un poco el nivel,
no podemos entenderte cuando te pones filosófico.
Una queja ante la que suelo responder: yo trataré de
aterrizar, pero intentemos entre todos subir el nivel de la
pista, es decir, tratemos de elevar un poco nuestro manejo
de la filosofía. Hay en ella un piso de conceptos básicos
que no es tan difícil de "accesar". ¡¡Hagamos juntos
el esfuerzo!!
Es en ese contexto que inicio hoy un diálogo con Alberto
Rosales: ¡¡tratando al mismo tiempo de llegarle a la gente!!
de ayudar a los queridos escuálidos a elevar su compresión
de la realidad y su capacidad de enfrentarse a la barbarie
chavista.
Mi punto de partida en ese esfuerzo es el siguiente: tal
como dice Alberto en su libro, hoy se habla crudamente del
final de la filosofía, del cul de sac en el que
ésta se haya, de su incapacidad para entender lo humano.
Por estos días trabajo intensamente de Heidegger ¿Qué
significa pensar? e Identidad y Diferencia; y basta
asomarse a esas profundidades para comprender el porqué
de la quiebra de la filosofía y de su indudable final:
Heidegger se niega férreamente a abordar la dimensión
moral del hombre. No por algún perjuicio o aprehensión,
sino tal vez porque la filosofía de ninguna manera puede
asumir esa tarea. Porque -tal como Alberto enfatiza- aquélla
tiene como meta desentrañar la verdad ¡¡y en el plano
de la moral no hay ninguna verdad!!, es decir, ninguna de
carácter conceptual; porque tal vez la verdad moral sólo
tenga sentido en la existencia, un plano al cual -pese a los
esfuerzos existencialistas de Heidegger- no tenemos acceso¿
racional.
Todo un rollo que parece muy abstracto -¡¡ánimo
amigos escuálidos!!- pero que es ultraelemental: Platón
fundó la filosofía sobre la base estricta de la
matemática, terreno en el cual la Verdad es inapelable;
y Aristóteles le aplicó Platón a la naturaleza,
donde la Verdad todavía conserva buena parte de su fuerza.
Porque en ambos terrenos las subjetividades no cuentan¿
o cuentan muy poco. ¡¡Pero hasta allí llegó la filosofía!!
los restantes 2.300 años han sido tan solo -como alguien
dijo de Platón- notas al pie de página de aquellos
dos grandes filósofos.
Esfuerzos fallidos -incluidos los suyos- por encontrar en
el plano de la moral algo parecido a las verdades y los conceptos
que sin duda valen para la matemática y la naturaleza.
emeteriog@cantv.net