A medida que las protestas y el rechazo popular se intensifican,
las agresiones de Chávez a propios y extraños se
aceleran de manera alarmante. Su desesperación es tal,
que no logra disimularla cuando tiene frente a sí espejos
tan peligrosos como las cámaras de la TV, así sea
las muy controladas de VTV. Lo ocurrido en el Aló
Presidente del domingo con el joven Nelson Mora del barrio
Federico Quirós -un chavista indócil, como la mayoría
de los venezolanos a quienes no les gusta ser nariceados-
pone de manifiesto lo difícil que va a ser para el totalitario
Chávez dominar los consejos comunales y convertir a los
ciudadanos de los barrios en peones ideologizados.
Las propuestas de Chávez sobre la reelección perpetua
para él solito y la orden de expulsar a cuanto extranjero
venga a hablar mal del "infalible", opacaron la intervención
de Nelson Mora, dirigente comunitario del barrio Federico
Quirós, a cuyos habitantes quiere Chávez desalojar
bajo el argumento de que están corriendo grave riesgo.
Se pretende llevarlos a un futuro gueto "socialista", que
la fértil imaginación presidencial bautizó
como "El camino de los indios", llamada también "ciudad
Chávez", quizá porque no ha sido construida, como
no lo han sido los cientos de miles de casas que prometió
a quienes vemos desesperadamente aglomerados a las puertas
de los burócratas del ministerio de la Vivienda. El arquitecto
Oscar Tenreiro rechaza la construcción de "El camino
de los indios" en una "zona de protección, de altas pendientes,
donde el equilibrio natural es delicado". Ya puede verse en
la maqueta lo que ocurrirá: se "descabeza" la fila de
la montaña y se lanza la tierra para los lados, a media
ladera. Todo un medio de urbanizar típico del capitalismo
salvaje" (¿).
¿Dónde va a trabajar la gente que allí viva?
¿Hay propuesto un desarrollo local de fuentes de trabajo?
La respuesta es no. En el Federico Quirós opera el "módulo
de producción endógena Fabricio Ojeda" que elabora
uniformes militares y muchas de las franelas rojas en las
que aparece la "patriótica" efigie del Che Guevara. Ese
módulo no ha significado beneficio alguno para los habitantes
de la zona, según ellos mismos confiesan. Lo que desea
Chávez es ampliar ese núcleo para convertirlo en
el atractivo turístico de la variada fauna izquierdista
que, con cargo al presupuesto nacional, visita el país
para asistir a cuanto sarao ideologizante se le ocurre al
"infalible". Los vecinos del barrio (fundado en 1957) se preguntan
por qué ellos deben mudarse y el centro endógeno
se queda, y llegan a la conclusión de que si la zona
es riesgosa, lo es también para quienes trabajan y viven
en el "Fabricio Ojeda".
Ante la persistencia oficial de llevar a cabo la medida de
desalojo, los vecinos pidieron asistir a un Aló Presidente.
Nos cuenta Norkis, una dirigente chavista del lugar, que el
primer listado de asistentes al programa era de 300 vecinos.
Después de numerosas purgas (la lista fue revisada por
la Casa Militar, la Disip, pasada por la lista Tascón
y por la de inscritos en el PSUV), fueron quince los asistentes.
Norkis, quien ha votado nueve veces por Chávez, quedó
fuera por no haberse inscrito en el PSUV. Los otros 284 vecinos
fueron también excluidos.
Nelson Mora, funcionario de la Alcaldía Libertador,
pasó la prueba. Creyó que esa era una gran oportunidad
para decirle a Chávez las verdades que le estaban ocultando
los burócratas a quienes a veces regaña públicamente.
La iracundia presidencial dio al traste con sus ilusiones.
Mora fue humillado públicamente por haberse atrevido
a decirle a Chávez que le estaban engañando. Mora
denunció que el viceministro del Hábitat les imponía
un guión sobre lo que debían decir, y que muchos
no estaban dispuestos a seguirlo: "Estamos en un país
libre y democrático en el que te nemos que decir lo que
sentimos. Y lo que sentimos es que nosotros, como comunidad
organizada, queremos ser escuchados y que los comités
de tierra sean desactivados". Al concluir el "Aló" el
transporte oficial que los había llevado desde al barrio
hasta el lugar del programa, se negó a llevar de regreso
a Mora, no así a quienes dieron la razón a Chávez.
Los vecinos llegaron en su auxilio y le condujeron hasta su
casa.
Hay miedo en el Federico Quirós por la posible venganza
de un poder envilecido que dice promover la "democracia participativa"
y sin embargo castiga a quienes reclaman sus derechos. A Mora
le obligan a que no declare, so pena de perder su trabajo.
A pesar de las presiones, en la masiva asamblea de vecinos
posterior al insultante "Aló", el apoyo a Mora y la decisión
de no mudarse fueron prácticamente unánimes.
La petrochequera compra voluntades y el miedo puede inhibir
las protestas por un tiempo. Pero cuando la dignidad popular
es pisoteada, la reacción en cadena puede decir ¡Basta!
mcolomina@unionradio.com.ve