Cuando en 1921 o 22, los comunistas rusos triunfaron finalmente
en la guerra civil que sucedió a la Revolución Bolchevique,
descubrieron que necesitaban con urgencia un respiro, un break,
que les permitiera reorganizar la economía mientras consolidaban
su poder político. Durante los ocho años siguientes
mantuvieron y reforzaron entonces el modelo capitalista de
economía, en una etapa que se conoció como la NEP,
la Nueva Política Económica. Fue además el
período feroz de las luchas fratricidas que le permitieron
a Stalin matar o exiliar a todos sus adversarios y convertirse,
hasta 1953, en dictador totalitario absoluto.
El sistema de precios que regía en la Rusia zarista
fue destruido y en 1989, con el derrumbe del Muro de Berlín,
los comunistas descubrieron que no hay otra forma de organizar
una sociedad que disponer de alguna estructura que relacione
los valores de todos los bienes.
Chávez parece que no ha descubierto esa verdad elemental
y se empeña en destruir cuanto antes el sistema de precios
que, con todas sus fallas, le permite a la economía venezolana
funcionar. Habla el Comandante de que su socialismo va a permitir
la propiedad privada -y albergábamos la esperanza de
una NEP criolla- pero está lanzado exactamente en sentido
contrario.
Ya es evidente que no se trata de la simple regulación
de precios, lo que está empezando a ocurrir es algo radicalmente
distinto: ¡¡es la pretensión de establecer cuánto
"debe" valer cada uno de los bienes que circulan en la economía,
desde los servicios de una clínica y de un médico
altamente especializado, pasando por el alquiler de un apartamento,
hasta un kilo de carne, una entrada al cine o unos gramos
de pimienta!!
No es sólo el precio de cada uno de las decenas de miles
de productos que circulan en una economía, sino las cientos
de miles de relaciones que se establecen entre ellos ¡y la
manera en que esas relaciones cambian a cada instante! Lo
que el gobierno revolucionario intenta establecer por la vía
administrativa. A partir de cuya esfera -la de los bienes
y servicios finales- será necesario establecer también,
por supuesto, los precios de los factores productivos: los
salarios; las tasas de interés, a corto, mediano y largo
plazo; la tasa de la ganancia o el mecanismo que la sustituya,
que alguno tendrán que inventar; los alquileres, los
precios de las materias primas, etc.
Una tarea ciclópea que obviamente es imposible realizar
administrativamente, esto es por la vía caprichosa de
lo que a unos funcionarios se le ocurra que cada bien debe
valer.
Cuando Chávez habla de destruir el valor de cambio y
el sistema de precios, cuando habla insensatamente de regresar
al trueque, no se imagina la infinita complejidad que ello
supone, el delicado conjunto de interminables relaciones entre
productos que el más elemental sistema de trueque supone.
¡Porque en este modelo económico subsisten los precios!
Y porque estos, en cualquier sistema, expresan -nada más
y nada menos- la intrincada relación entre la multitud
de valoraciones subjetivas que los consumidores hacen y la
igualmente inmensa multitud de relaciones técnicas que
se establecen en el proceso productivo.
Razón por la cual, cuando alguien pretende lograr esto
por la vía administrativa, no le queda otro camino que
apelar al totalitarismo. ¡Y ni aún así! Tal como
lo demostró la Unión Soviética, después
de 70 años de intentarlo, y después de sumir a ese
país en la barbarie.
emeteriog@cantv.net