JUAN FRANCISCO ALONSO
EL UNIVERSAL
"Las demandas y denuncias están siendo utilizadas como
mecanismos para hostigar a la comunicación". Esa es la
conclusión a la que arribó Espacio Público,
organización que contabilizó la apertura de 63 procesos
judiciales contra periodistas en los últimos cinco años.
En rueda de prensa realizada ayer en el hotel President,
en Caracas, el coordinador de la agrupación no gubernamental,
Carlos Correa, ofreció los resultados del estudio El
peso de las palabras: Procesos penales a periodistas en Venezuela
de 2002 a 2006, el cual reveló que cada año
se abren 12,6 averiguaciones, investigaciones o juicios contra
comunicadores en el país, la mayoría de los cuales
"están asociados a denuncias por difamación y/o
injuria intentados por funcionarios públicos".
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Tras informar que Distrito Capital, Táchira y Aragua
son las entidades donde más causas hay abiertas contra
trabajadores de los medios, informó que en el último
año comenzaron a producirse las decisiones sancionatorias.
"En 2006 la directora de El Siglo (Ada Mireya Zurita)
fue condenada por supuestamente difamar a un funcionario policial.
La misma suerte corrieron Ibéyise Pacheco (ex columnista
del diario El Nacional), Henry Crespo (columnista del
semanario Las Verdades de Miguel) y Julio Balza (El
Nuevo País), quienes también fueron demandados
por el mismo delito", recordó.
Seguidamente aseguró que los afectados por estos fallos
podrían recurrir ante los organismos internacionales
para denunciar su situación. La razón: fueron castigados
por un delito que fue proscrito por la Corte Interamericana
de Derechos Humanos.
El vocero de Espacio Público también denunció
que buena parte de los procesos abiertos se mantienen así
"innecesariamente", bien sea "porque la solución es contraria
a determinado interés o porque hay un retraso".
Advirtió que de mantenerse esta tendencia los periodistas
no serán los únicos afectados, sino la colectividad,
pues no recibirá toda la información que se produzca
en el país.
La explicación se encuentra en el resumen ejecutivo
del estudio, donde se advierte: "El riesgo de incurrir en
la autocensura propia o inducida está ahora con una presencia
muy superior que en otras épocas, pues (los comunicadores)
están más conscientes de que representan un blanco
vulnerable frente a las represalias de los funcionarios que
utilizan los recursos establecidos en el Código Penal".
Aunque sin mencionarlos, criticó a aquellos propietarios
y editores de medios que no apoyan a sus periodistas y que
inclusive los despiden cuando son demandados.
Por último, denunció que la inmensa mayoría
de los casos relacionados con la muerte de comunicadores se
encuentran en la Fiscalía prácticamente paralizados
y que todavía se desconoce a los autores de tales crímenes.