MIGDALIS CAÑIZÁLEZ V.
EL UNIVERSAL
Las Torres de El Silencio, que fueron el hito de la modernidad
en la década de los 50, son hoy las edificaciones públicas
más vulnerables de la capital porque no cumplen ninguna
norma de prevención contra incendios, según lo refleja
el último informe del Cuerpo de Bomberos Metropolitanos,
elaborado hace un mes, sobre estos edificios.
Para el mayor Julio Báñez, jefe del Área de
Prevención e Investigación de los Bomberos Metropolitanos,
"la mayor preocupación que tenemos es que si ocurre algún
incidente en las torres, las áreas comunes -que fungen
como vía de escape- están totalmente obstruidas
con los tarantines de los buhoneros, y son como un gran tapón,
que sería una limitación al momento de un desalojo
masivo".
Admite que estas edificaciones públicas no tienen permiso
de habitabilidad, porque no cumplen con las normas establecidas
en el Decreto 2.195 que se refiere al Sistema de Prevención
y Protección de Incendios, al igual que con las Normas
Covenin. Y a pesar de que se han entregado más de 28
informes, tanto a los ministerios que funcionan allí
como al Centro Simón Bolívar (CSB), organismo encargado
de su condominio; aún no han sido totalmente adecuadas
las instalaciones a las normas, afirmó.
Este conjunto arquitectónico lo integran dos hileras
de edificaciones que culminan con dos torres de 17 pisos,
donde funcionan los ministerios de Salud, Ambiente y de los
Recursos Naturales Renovables, y Trabajo. Oficinas del Conac
y del Instituto de Arte Escénicas y Musicales, organismos
adscritos al Ministerio de Cultura.
De acuerdo con estimaciones de los bomberos, unos 1.300 empleados
públicos laboran en estas dependencias. Además,
mil comerciantes informales rodean las torres y otros 500
están instalados en la mitad de plaza Caracas, conocido
como "el mercadito de la plaza".
Además en el nivel avenida se encuentran 100 locales
comerciales, de los cuales más de la mitad han cerrado
por la invasión de buhoneros y la inseguridad, pero en
el sótano 1 hay 200 comercios que aún se mantienen
porque han formado su propio condominio.
Fallas recurrentes
Aumento indiscriminado de la carga eléctrica de
las oficinas por la cantidad que equipos que tienen; obstrucción
en las escaleras de servicio, que son las vías de escape,
con material en desuso, e inexistencia de una reserva de agua
contra incendios, son algunas de las deficiencias que no se
han corregido, indicó Báñez.
Reconoció que en algunas oficinas de la torre Sur están
tratando de adecuar las instalaciones a las normas de seguridad,
pero por problemas de presupuesto "este proceso ha sido muy
lento".
En relación con la invasión de buhoneros, informó
que le recomendaron al CSB el desalojo inmediato de las áreas
públicas, pero aún no han decidido nada.
Deterioro progresivo
Las torres fueron construidas entre 1949 y 1951 a partir
de un diseño del arquitecto Cipriano Domínguez en
colaboración con Tony Manrique de Lara y José Joaquín
Álvarez. Ellas fueron un ejemplo de la arquitectura urbana,
funcionalista y monumental, que siguió los preceptos de
Le Corbusier, uno de los maestros de la Arquitectura: planta
libre, pilotes, corredores profundos y verticales, estacionamientos
y amplias escalinatas, detalles en bronce, rampas, terrazas-jardín,
desplazamiento vertical, plaza aérea, terrazas públicas.
Ahora estas edificaciones muestran otra cara.
Los techos están cediendo en ambas torres; las escaleras
ya no tienen las barandas de bronce; las piezas de granito
que cubrían los pilotes han ido desapareciendo. Mientras,
los habituales como Edgar Oliveros, limpiabotas desde hace
47 años en el sótano 1, añoran los buenos tiempos
de la torres. "Eran una belleza, eran una de las obras más
lindas que tenía Caracas, ahora son un basurero".