La albiceleste sucumbe en el momento preciso pese al favoritismo
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Maracaibo.- Como tantas veces en la historia del clásico más espectacular del mundo, la teórica lógica que se desprendía de cualquier análisis previo no se cumplió y Brasil enterró las ilusiones de una generación argentina destinada a sufrir y padecer festejos ajenos.
Antes del pitido inicial del paraguayo Carlos Amarilla, el fin de los 14 años sin títulos para la selección argentina era para el mundo un hecho, pero igual que en la Copa América de 2004, los suplentes de Brasil abofetearon al que se suponía mejor equipo del campeonato y el trofeo viajó rumbo a Río.
La generación que comenzó su andadura con la camiseta celeste y blanca de la mano de Daniel Passarella a fines de 1994 tiene ahora mínimas posibilidades de retirarse con un título de trascendencia bajo el brazo. Es más que probable que Roberto Ayala, Hernán Crespo, Juan Sebastián Verón y Javier Zanetti, todos superando la treintena, no estén en condiciones por razones de edad de disputar el próximo Mundial de Suráfrica.
Sin estar dentro de ese grupo de históricos por no haber sido convocados en muchas oportunidades en los casi tres lustros de sinsabores, Roberto Abbondanzieri, Hugo Ibarra y hasta Juan Román Riquelme, que cumplió 29 años a comienzos de la Copa, también tendrán difícil saber lo que se siente al ser campeón con su equipo nacional, reseñó la agencia DPA.
Pese a seguir siendo cantera que nutre al mundo de excelentes jugadores, Argentina se ha transformado en una selección que es justamente lo contrario de lo que se le supone por historia. En momentos trascendentes, deja de rendir de acuerdo a sus posibilidades, ya sea en un partido entero, como en la final de Maracaibo, o en un detalle que termina definiendo, como en Lima hace tres años o en el Mundial de Alemania.
Posiblemente, el mejor ejemplo de ser un jugador de altísimas prestaciones a escala internacional pero que ha tenido errores decisivos en instancias clave jugando para Argentina es Roberto Ayala. Su compromiso y su amor por la camiseta celeste y blanca es indiscutible, así como su condición de ser por lejos el mejor defensor argentino de los últimos 15 años. Pero no pocas derrotas definitivas en un torneo están asociadas a un fallo del "Ratón", que no participó en el Mundial 2002 por lesionarse en el calentamiento previo al debut frente a Nigeria.
Hoy, su error de cálculo en la jugada del tanto de Julio Baptista y el autogol del 2-0 tuvieron una implicancia vital en el desarrollo de un encuentro en el que todos los albicelestes fueron una verdadera sombra de lo que habían sido en los cinco partidos anteriores.
Argentina perdió en Venezuela su tercera final en tres años, todas contra su enemigo futbolístico de siempre, Brasil. Sin contar la Copa Artemio Franchi de 1994 y los Juegos Panamericanos de 1995, campeonatos que no recuerdan ni los propios argentinos, hace 14 años de su último título grande. La generación "Passarella" difícilmente consiga alguno. La siguiente de Pablo Aimar y Esteban Cambiasso, junto a la de los Lionel Messi y Carlos Tévez, cargarán ahora con la pesada mochila de devolver a su selección nacional la vitola de ganadora en el momento preciso.
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