Puerto Ordaz.- Argentina disputará
frente a Brasil la final de la Copa América Venezuela
2007, tras golear a un disciplinado pero ineficaz México
por 3-0, con una faena a toda orquesta de Juan Román
Riquelme y un gol de antología de Lionel Messi, tras
dictar cátedra de fútbol en una noche de fiesta.
La conquista que había desmoronado la resistencia defensiva
mexicana en el estadio Cachamay de Puerto Ordaz fue la del
zaguero Gabriel Heinze a los 45 minutos, pero el show albiceleste
lo redondearon Messi a los 61 y Riquelme a los 66 con un tiro
penal.
Messi y Riquelme anotaron ambas conquistas con toques suaves,
picados por sobre el arquero Oswaldo Sánchez, con la
jerarquía y la tranquilidad que sólo está reservada
para los grandes cracks.
La selección argentina se medirá con Brasil el
domingo en Maracaibo y México lo hará el sábado
contra Uruguay en Caracas por el tercer y cuarto puesto.
Los albicelestes volvieron a tener una paciencia infinita,
a la espera del momento justo para golpear, más que nunca
la noche del miércoles ante un sistema defensivo que
era un prodigio de eficiencia, concentración y lucha.
Los tiros libres y de esquina en los pies de Riquelme se
han convertido en un arma letal, porque cada vez que se para
frente a la pelota, se toma su tiempo, mide el lanzamiento
y provoca daño con la precisión de sus pases-gol
a distancia.
Fue un tiro libre de este tipo el que había derrumbado
la tenaz muralla de resistencia que había construido
México, con la disciplina de Jaime Correa, la actitud
batalladora de Gerardo Torrado, la armonización de Rafa
Márquez y Jonny Magallón por el sector central y
los cierres poderosos de Fausto Pinto.
Era un momento clave del encuentro, segundos antes de finalizar
la primera etapa, cuando tanta llovizna le había "mojado"
la pólvora a Messi y a Carlos Tévez, y tuvo que
venir el gol por un zaguero proyectado al ataque.
El corpulento lateral Heinze enganchó en forma poco
ortodoxa pero efectiva el balón que Riquelme le había
mandado como un pájaro de vuelo perfecto, un pase como
con la mano para su botín, en la única distracción
de la zaga del Tri.
Esta vez Tévez y Messi habían encontrado la horma
de su zapato frente a defensores que se alternaban en anticiparlos,
ahogarlos y, en el peor de los casos, derribarlos.
Sin embargo, Tevez gozó de un mano a mano pisando el
área chica con Oswaldo Sánchez que el arquero le
ganó en formidable reacción y lo tuvo a su merced
también Andrés Guardado al guardameta Roberto Abbondanzieri,
pero falló la puntería.
Nery Castillo, tal vez disminuido físicamente por su
lesión, no fue el atacante rápido e incisivo del
resto de la Copa y Argentina lo vigilaba con varios ojos,
porque lo acorralaban Roberto Ayala y Gabriel Milito, auxiliados
por Javier Mascherano.
Tanto orden táctico aplicado por México, tanto
mecanismo de contención, había forzado a una batalla
sin cuartel en el medio campo por la posesión de la pelota,
pero cuando México la recuperaba, la manejaba sin ton
ni son, salvo algún desborde intentado por Fernando Arce.
El flanco defensivo más vulnerable de Argentina era
el de Javier Zanetti, quien en una jugada individual llegó
a las barbas de Sánchez y le tiró la pelota a las
manos, pero México estaba demasiado retrasado.
El DT azteca Hugo Sánchez quemó cartuchos y tomó
el riesgo de adelantar a sus hombres en el campo cuando hizo
ingresar a Alberto Medina y a Omar Bravo, pero sin descuidar
el orden general ni darle espacios al letal contragolpe argentino.
Por primera vez a los albicelestes los atacaban abiertamente
y se desnudaba su talón de Aquiles, como en una veloz
entrada de Castillo, cuyo toque por elevación rebotó
en el travesaño.
Pero por más que los mexicanos mantuvieran su esquema
espartano y sacrificado hasta lo conmovedor, algún callejón
se iba a formar, y primero surgió uno por el flanco izquierdo,
por donde entró Messi para definir como los grandes cracks,
al picar el balón de emboquillada sobre Sánchez.
El Tri sintió este gol como un sablazo al corazón
y se desmoronó, con tanto estrépito que hasta se
cometió un infantil penal que Riquelme mandó a la
red con otro toque suave burlando al arquero.