Nada especial le anunciaba el futuro al joven Alek-sandr
Lukashenko cuando se graduó de profesor de historia en
una academia bielorrusa. Como cursó sin pena ni gloria
sus estudios no tuvo más remedio que servir en la armada
soviética, en cuyas filas destacó como campeón
de defensa personal. Era el único mérito que podía
exhibir en 1982, cuando fue colocado como administrador de
una granja estatal y más tarde como coordinador de una
planta de construcción. No lo hizo mal en las inesperadas
funciones. Gracias a la disciplina que logró imponer
fue elegido como vicepresidente del Consejo Supremo de la
República de Bielorrusia cuando se solicitaban aperturas
democráticas a la Unión Soviética, de cuya
férrea autoridad pero también de sus recursos económicos
dependía la jurisdicción en la que se estrenaba
como político. Del debut pasó pronto a la celebridad
debido a una campaña que inició contra la corrupción.
Sus encendidos discursos en los que demolía la reputación
de los ladrones de erario le concedieron un prestigio nacional
que desbordó cuando inició una cruzada contra los
privilegios de los líderes comunistas y contra la dependencia
de Moscú.
Después de la promulgación de la Constitución
bielorrusa, en 1994, fue elegido como presidente de la República
gracias a una animada gesta fundamentada en la consigna de
derrotar a la mafias reinantes. Los electores esperaban la
iniciación de reformas profundas. En lugar de continuar
la apertura de la economía que había precedido al
acto electoral, quiso revivir la economía comunista.
La orientación provocó un aislamiento frente a los
vecinos entusiasmados con la resurrección del capitalismo
y la suspensión de las ayudas que llegaban a través
del Fondo Monetario Internacional, cuyos gestores reaccionaron
enfáticamente contra su entorpecimiento del mercado.
Aumentó entonces el malestar de la población hasta
el punto de desestimar a su flamante líder en los sondeos
de opinión, una tendencia que creció cuando tuvo
el atrevimiento de declarar favorablemente sobre la gestión
de Hitler en materia económica. Dijo que le parecían
estupendas las orientaciones manadas del Fuhrer para
crear y distribuir riqueza, mientras el escenario internacional
se conmovía ante la orden que dio de derribar un globo
de aire caliente conducido por dos estadounidenses. Habían
penetrado sin advertencia el territorio bielorruso cuando
participaban en una competencia deportiva, y terminaron en
el cementerio.
A mediados de 1996 la mayoría parlamentaria acusó
a Lukashenko de violar la Constitución. El acusado respondió
con la convocatoria de un referendo para aumentar el plazo
de su mandato y para obtener la autoridad de clausurar el
Parlamento. En medio de presiones feroces que llegaron al
cierre de periódicos y de emisoras de radio, así
como a impedir que los opositores aparecieran por televisión,
anunció que había obtenido el 75% de los sufragios.
Las cifras sólo obtuvieron el crédito de los ingenuos,
una precaria confianza que se esfumó cuando cercó
a los diputados con la policía para ordenar después
el cese de sus deliberaciones. Los parlamentarios "desleales"
fueron reemplazados por 110 íntimos de su círculo
personal, perversión que condujo a la renuncia del primer
ministro y de dos colegas del gabinete. Debido al colapso
económico que sobrevino redujo las actividades de la
banca privada, ordenó el arresto de oficiales del ejército
por el delito de conspiración y acusó al imperialismo
estadounidense de mover los hilos de un movimiento contra
los sagrados intereses de la patria. De allí su proposición
de una Unión Eslava de defensa contra los poderosos y
el enardecimiento de la retórica contra las naciones
del occidente europeo, que movilizó mientras aumentaba
los lazos de la dependencia con Moscú y persiguía
sin compasión a la prensa y a los partidos que todavía
pugnaban por el derecho de expresarse libremente. En 2001
se hizo reelegir en la primera magistratura, luego de proclamar
una victoria aplastante en la primera vuelta del proceso.
De acuerdo con las observaciones de la Organización para
la Seguridad y la Cooperación en Europa, el escrutinio
fue precedido por el acoso sistemático de los partidos
rivales y por la exclusión de la oposición de las
listas de candidatos. Ganó de nuevo las elecciones en
2006, en una atmósfera compulsiva que desembocó
en un nuevo fraude avalado por las autoridades electorales.
"Felicidades, hermano Lukashenko, por gobernar de la manera
como gobiernas a tu pueblo. Tenemos que profundizar las relaciones
entre nuestros países. ¡Qué gran ejemplo, querido
camarita".
eliaspinoitu@hotmail.com