El Socialismo es absolutamente inviable, entre muchas otras
razones, porque ninguno de sus ideólogos -empezando por
Marx- abordó jamás la pregunta crucial: ¿qué
significa ser humano? Ninguno se planteó la necesidad
de una antropología, es decir, el reto de entender este
¡enigma indescifrable! que es el hombre. O, peor aún,
el Socialismo es inviable porque -sin la menor reflexión
acerca de qué es lo humano- pretende imponernos por la
fuerza una visión de lo que dicha noción significa,
unos valores morales arbitrarios. El Comunismo es absurdo,
en fin, porque sin saber qué es el hombre ¡pretende producir
uno nuevo!
A diferencia del Socialismo, el Capitalismo y la Economía
de Mercado tienen detrás suyo tres o cuatro mil años
de antropología; una reflexión profunda acerca de
las miserias del espíritu, que nos permite hoy captar
los pequeños márgenes de humanización que tenemos,
los tenues resquicios por los cuales el hombre -y en consecuencia
el Capitalismo- pueden hacerse mejores.
Nada del iluso Hombre Nuevo cheguevarista; tan solo un Ser
Humano y una sociedad ligeramente mejores. A pensar sobre
todo ello está dedicado nuestro libro Capitalismo
Solidario versus Socialismo del Siglo XXI, editado por
diario El Nacional y que acaba de salir.
En ¿Qué significa pensar? Martín Heidegger
cita estos versos de Hörderlin: "Un signo somos, indescifrado,/
Sin dolor somos, y en tierra extraña/ Casi perdemos el
habla". Tal vez el gran poeta alemán -¡o el traductor!-
en lugar de "indescifrado" debió haber dicho "indescifrable".
Porque eso es lo que somos, una realidad (espiritual) absolutamente
incognoscible, ¡a pesar de los esfuerzos que el autor de Ser
y Tiempo hizo para penetrar en ese misterio absoluto que
son el alma y el universo!
A pesar de su negativa radical a aceptar que ese enigma profundo
es precisamente la noción de Dios: un sentimiento -no
un pensamiento, sino un sentimiento, una fe o creencia- a
la que Heidegger se acercó sin tener jamás el valor
de asumirla.
Una negativa radical que no le impidió al gran filosofo
-émulo digno de Platón, Kant, Hegel o Aristóteles-
brindarnos una fértil aproximación a lo humano ¡una
antropología que hoy hace posible pensar el Capitalismo
Solidario! Una fertilidad que según Heidegger está
contenida en esos tres versos de Hörderlin. Regrese a
ellos el amigo lector: La tierra extraña empieza
cuando se nos acaba la estrecha región del Ser y del
mundo a la que el pensamiento racional tiene acceso. En cuanto
la lógica se agota empieza esa tierra extraña,
el "más allá", el "otro mundo", la trascendencia,
Dios, el Tao o como se nos ocurra llamarla. Es esa zona infinita
en la que lo humano se conecta con lo sagrado;
no con la moral, que pertenece todavía a "este mundo",
sino con el espíritu del que ella brota, del que brota
el Bien¿ ¡pero del que emanan también todos los
antivalores, las bajezas, las mezquindades y el Mal!
A todo ello alude el último verso, el "casi perdemos
el habla". Que en lugar del casi debería ser "definitivamente
perdemos el habla". Porque ante el misterio absoluto e indescifrable
que son el alma y el Universo, todas las palabras, los pensamientos
y los razonamientos se tornan inútiles, imposibles o
vacíos; allí sólo caben y sólo tienen
acceso los sentimientos, la fe y las creencias. Es lo que
otro gran filosofo alemán, Wittgenstein, contemporáneo
de Heidegger, puso en una frase inolvidable: "de lo que no
se puede hablar, mejor es callar".
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