MARÍA GABRIELA MÉNDEZ
EL UNIVERSAL
La noticia de que fue seleccionado como uno de los artistas
que recibirá la prestigiosa beca que otorga la Fundación
estadounidense John Simon Guggenheim, aún le sorprende.
Aunque todavía no tiene pensado un proyecto en particular,
el artista chileno Patrick Hamilton (1974) cree que la distinción
le permitirá dedicarse a sus proyectos artísticos
con fotos, collages, wallpapers e intervenciones urbanas y
de objetos.
Parte de su trabajo podrá apreciarse en la próxima
edición de la Feria Iberoamericana de Arte (FIA) -que
se inaugura mañana y que lo tiene como invitado especial.
Desde su residencia en Santiago, aceptó responder algunas
preguntas.
Cuenta que traerá varios trabajos, pero que el principal
es una instalación, un mural minimalista, hecho con una
manguera que tiene luces por dentro, un elemento característico
de decoración de bares, un producto hecho en China. "La
idea es tomar este elemento como metáfora de estos espacios
de la subcultura. Es una especie de Las Vegas de bajo presupuesto.
Son franjas que suben y bajan simulando este tipo de lugares,
y que tiene un cruce con el lenguaje minimal".
Globalización y posdictadura
Algunos de los trabajos más conocidos de Hamilton
son los baldes y máscaras de soldador que convierte en
cajas de luz donde instala imágenes estereotípicas
con postales de paisajes idílicos: "La idea es contrastar
esa visión del paisaje como turismo, y por eso la postal,
y su estética fotográfica con esta máscara
que representa al obrero. Hay mucha desigualdad en Chile y
la idea es explorar esas contradicciones. Cómo, por ejemplo,
la estética global se introduce y penetra con tanta facilidad".
Formalmente su obra es bastante diversa: medios y técnicas
ilimitadas para explorar sus intereses. Sin embargo, en esa
diversidad aparentemente inconexa hay un hilo conductor: las
consecuencias o el impacto la globaliza en la posdictadura.
"Aunque es algo muy local, tiene que ver con fenómenos
no tan locales", explica. "Es también abordar lo que
se ha llamado la lógica cultural del capitalismo tardío:
cómo se desarrolla en Chile el capitalismo tardío,
que algunos denominan posmodernismo. Me interesan esas manifestaciones
culturales en el Chile de la posdictadura. Cuando Chile estuvo
en dictadura hubo como un apagón cultural, se aisló
culturalmente y a la vuelta de la democracia se abrió
al mundo. Se comenzaron a firmar tratados internacionales,
el uso de internet, celulares y conexiones en una geografía
determinada por el aislamiento. Hubo necesidad de integración".
Para Hamilton la ciudad está repleta de esos signos
culturales que hablan de influencias de otras culturas y de
la tensión entre lo global y lo local.
Pero él le huye a la obra de arte fácil, obvia,
esa que sólo sirve para contemplar y no para pensar.
Por eso discute con cierto tipo de arte que se hace en Chile,
desde la victimización, es decir, se trabajan temas sociales
como la foto de un niño pobre, por ejemplo.
"Lo que más me interesa es la reflexión. El sistema
del arte no está hecho para reflexionar. Hay bienales,
ferias de arte, se muestra arte en gran cantidad. Es casi
como internet, donde las informaciones se pasan rápidamente.
Los formatos de exhibición no están pensados para
la reflexión. Tiene que ver con el formato: si vas al
cine aguantas las dos horas. Si compras un libro lo lees,
y demoras un tiempo. Hay mucho arte que es fácil y hay
otro que no lo es tanto, y a mí me gusta porque no sólo
es atractivo visualmente, sino que es atractivo para pensar.
Me gustan los trabajos potentes visualmente y me interesa
que esté hablando de algo. Esos se leen más lentamente".
El artista chileno cree que parte del interés que ha
tenido en los últimos años el arte latinoamericano
actual está ligado a la facilidad con la que circula
la información y con que estábamos un poco aislados
y ahora no tanto. "Se está haciendo el arte más
interesante. No sé si es una moda. Preferiría pensar
que tiene que ver con la calidad. Muchos están exponiendo
en eventos internacionales porque la calidad lo amerita".
-Tiene una formación como pintor, pero ha experimentado
con muchos medios, ¿Qué le ha dejado la pintura?
-Cuando estaba en cuarto año en la universidad, en el
taller de pintura, la orientación del profesor era hacia
el entendimiento de la pintura más allá del óleo,
bastidor y pincel. Una instalación es un desplazamiento
de la pintura, arte objetual. Uno puede entender un video
como una pintura. Mi formación en pintura es más
conceptual que técnica. Nunca he sido pintor de óleo,
es el desplazamiento de la pintura hacia el espacio urbano,
un gesto pictórico sobre el espacio urbano. Los primeros
trabajos objetuales en los que forraba o revestía objetos
eran trabajos pictóricos sobre el objeto. Mi fotografía
es muy pictórica. Hago alusión a pintores.
-¿Es usted de los artistas a quienes les gusta "llenarse
las manos de barro"?
-Hay cosas técnicas que las resuelve mejor alguien
que domina la técnica. Por ejemplo: yo tomo las fotos,
pero las copia un laboratorio. Hay fotos que he mandado a
tomar cuando se trata de una fotografía publicitaria,
por ejemplo. Cuando eso pasa, igual estoy metido tomando la
foto. Me identifico más con el artista que se mancha
las manos. Soy muy obsesivo, incluso con los catálogos
estoy encima. Me gusta involucrarme.