Heiligendamm, Alemania.- La cumbre del Grupo de los Siete países más industrializados más Rusia (el G8) comenzó anoche con una cena informal en la elegante finca barroca de Hohen Luckow, pero sin que el carácter festivo se extendiera a sus participantes, cuyas posiciones siguen tan distantes como al inicio de las negociaciones.
El punto positivo de la jornada fueron las palabras conciliadoras que el presidente estadounidense, George W. Bush, dirigió a su homólogo ruso, Vladímir Putin, tratando de rebajar las tensiones que fueron subiendo de tono en los últimos días y por las que ambas partes llegaron a hablar de un retorno a la Guerra Fría, destacó DPA.
Bush restó importancia a las advertencias de Putin acerca de que volverá a apuntar sus misiles contra Europa en respuesta a los planes norteamericanos de instalar un sistema antimisiles en Polonia y República Checa.
"Rusia no va a atacar Europa", dijo Bush. "Rusia no es un enemigo. No hace falta una respuesta militar porque no estamos en guerra con Rusia", agregó. El Presidente aseguró que los recientes comentarios antioccidentales de Putin iban dirigidos al consumo interno en Rusia, en especial por las elecciones del año próximo.
Bush expresó un "fuerte deseo" de trabajar con los países del G8 para reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global y depender menos de las importaciones de combustibles fósiles, pero no hizo ninguna alusión a la meta de Merkel de bajar las emisiones 50% hasta el año 2050 en relación con la cifra de 1990.
Tras un encuentro bilateral de Merkel con Putin, se comentó que ambos acordaron un "procedimiento constructivo" con respecto al cambio climático. La canciller recibió apoyo a sus planes del presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, del saliente primer ministro británico, Tony Blair, y del jefe de Gobierno italiano, Romano Prodi.
Los miembros del G8 (Estados Unidos, Canadá, Francia, Italia, Reino Unido, Alemania, Japón y Rusia) están muy lejos de hallar una posición común también con respecto a la ayuda a África. Fuentes de la delegación alemana hablaron incluso de "cansancio" por este tema en algunos gobiernos, que se niegan a confirmar las promesas hechas hace dos años en Gleneagles, Escocia, pese a los llamamientos que hizo entre otros el papa Benedicto XVI.
Tanto el problema del escudo como las diferencias respecto a Kosovo -Rusia no quiere que sea el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas el que decida sobre el destino de esa provincia serbia- ocuparán parte de los debates, fuera de la agenda oficial.
Expertos temen que haya desacuerdo igualmente en materia de desarme nuclear y de la necesidad de una mayor transparencia en los fondos especulativos o "hedge fonds".